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22 septiembre 2009

La educación socialista

Me voy a referir a la LOE. Su lectura la hace parecer relativamente inocua, aunque la verdadera ponzoña podría ser inoculada por vía de leyes especiales y reglamentos. La intención no es otra que la de empujar a los jóvenes hacia el socialismo. Eso fue reconocido por el propio mandatario en televisión: "Me preguntan que si la intención es ideologizar. Mi respuesta es ¡yes!".

Puesto que no tenemos razones para dudar de su palabra, conviene entonces remontarse en las páginas de la historia para analizar cómo funcionó el sistema educativo socialista en otros países. Comencemos con el más importante y prolongado experimento de socialismo marxista que conoció la humanidad (1917-1991) y que concluyó con un rotundo fracaso: la URSS.

En la Unión Soviética la educación era exclusivamente pública, suprimiéndose por completo las escuelas privadas y sometiendo todo el sistema educativo al rígido control del Partido Comunista. El objetivo del régimen era lograr, a través de la educación, una sociedad fuertemente colectivizada. Aunque la Constitución soviética garantizaba la libertad de cultos, la enseñanza religiosa quedó terminantemente prohibida en las escuelas. Lecturas obligadas eran Marx y Lenin. El sistema educativo de aquella nación padeció de graves fallas. Eso no era de extrañar ya que no se permitía la lectura de autores, incluso clásicos, cuyos pensamientos no fuesen acordes con la doctrina del partido comunista.

Los maestros fueron uno de los blancos favoritos de las purgas estalinistas. Entre 1934 y 1953 más de dos millones de docentes fueron deportados a los tristemente célebres "gulags" que nos narra Alexander Solzchenitsyn en su obra.

Entre los logros de aquel sistema educativo socialista cabe señalar que, según cifras oficiales, entre 1917 y 1988 el analfabetismo cayó desde un 60% hasta un 1%. Por lo demás, hay que reconocer que la educación fue ciertamente capaz de proveer la formación que exigía el Estado para transformarse en una de las dos mayores potencias militares del planeta. En cambio no fue capaz de propiciar un aumento en el nivel de vida de la población, razón por la cual la URSS, pese al inmenso poder del Estado y su poderío bélico, terminó por desintegrarse y desaparecer en 1991.

Ya en 1917 se habían creado escuelas conocidas como rabfaks con la intención de formar rápidamente a los ciudadanos para atender las necesidades de industrialización del país. Era el Estado el que decidía y los padres nada podían opinar con respecto a la educación de sus hijos. A pesar de ello, todavía en 1958, Nikita Krushov se quejaba de que las escuelas producían "graduados de manos delicadas".

La intervención estatal en la educación era total. El Comité Central del Partido Comunista y el Consejo de Ministros promulgaban conjuntamente todas las normas referentes a la enseñanza que eran sometidas al Soviet Supremo. Los decretos se convertían en ley que debía ser ejecutada bajo el control del partido.

La ideologización de los niños comenzaba muy temprano en la escuela. Desde pequeños eran agrupados en organizaciones de "pioneros". Los muchachos de 15 a 23 años de edad pasaban ya a formar parte de los "konmosoles" que servían como semilleros para futuros miembros del partido.

Cada escuela, por remota que fuera, tenía asignado un politruk que imponía la más férrea limitación sobre la libertad de pensamiento y de cátedra, ambas consideradas como enemigas del sistema. Su objetivo era velar para que desde el principio los jóvenes fuesen educados en la "verdad" del marxismo y preparar así el advenimiento del "hombre nuevo".

Según la moral soviética, el Estado era más importante que la familia. Los niños eran estimulados a desconfiar de sus padres e incluso a denunciarlos ante cualquier desviación.

Aquello condujo a tragedias como la del joven "pionero" Pavel Trofimovich Morózov -conocido como Pavlik- nacido en Gerasimovka, Siberia Occidental. En 1932, cuando tenía 13 años, denuncia a su propio padre -Trofin Morózov- acusándolo de traición ante las autoridades. El padre fue sentenciado a trabajos forzados y murió en prisión. Indignada, la familia asesinó a Pavlik.

El régimen declaró a Pavlik Morózov como "glorioso mártir asesinado por la reacción" y se le construyeron estatuas, se imprimieron sellos postales para honrarlo y a muchas escuelas se les dio su nombre. Existe un documental con la historia de Pavlik llamado "Boy Hero 001". ¿Será esa la vía por la cual quieren llevar a Venezuela? ¿Lo vamos a aceptar?

24 marzo 2009

Rebelión en la granja

George Orwell, escritor británico cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair, escribió en la década de los 40 del siglo pasado una obra cuya lectura resulta imprescindible en la Venezuela de hoy: "Rebelión en la Granja".

Se refiere Orwell a una granja rica y de suelos fértiles. Con una buena administración hubiera podido ser un ejemplo de abundancia en beneficio de todos los habitantes de la granja. Pero no era así.

La única explicación que encontraban los animales que habitaban pobremente en la hacienda era que alguien se había apoderado de la parte de la riqueza que le correspondía a cada uno.

Entre los animales había un cochino llamado Napoleón. Era un verraco pendenciero, de raza indefinida y gran verborrea que se quería apoderar de la granja. Era tan elocuente que con sus discursos manipulaba las fibras más íntimas de los animales y promovía una rebelión en contra del granjero: "Expulsemos a los hombres y todos nos volveremos ricos y libres de la noche a la mañana".

Finalmente los animales se rebelaron y expulsaron al granjero. Napoleón tomó el poder e impuso su llamada "Doctrina del Animalismo" que pregonaba la igualdad entre todos los animales y el odio hacia los hombres: "Todos los hombres son enemigos. Todo lo que camine sobre dos pies es un enemigo. Todo lo que ande en cuatro patas o tenga dos alas es un amigo".

Propone entonces Napoleón a los animales votar una nueva constitución. Se trataba de los "Principios del Animalismo" o los "Siete Mandamientos". Los animales decidieron escribir aquellos principios que creían perennes en un muro sagrado, con grandes letras blancas, para que todos los recordasen.

Napoleón progresivamente se fue transformando en un dictador. El grupo de marranos que le acompañaban comienza a enriquecerse vilmente y a vivir con todos los lujos que antes le criticaban al granjero. Cada vez faltaban más cosas como por ejemplo la leche. Sólo los cochinos la obtenían.

Tal era la ineptitud del verraco y los demás chanchos, que en poco tiempo la granja estaba arruinada. Pero en larguísimos discursos, Napoleón convencía a los animales de que aquellos eran sacrificios que había que aceptar para que pudiera imponerse la "Doctrina del Animalismo". Sin embargo, a pesar de las frecuentes arengas del puerco líder, los animales se daban cuenta de que las cosas no estaban saliendo como originalmente habían creído.

Para colmo, valiéndose de artimañas, Napoleón comenzó a cambiar la constitución de los "Siete Mandamientos". Los animales estaban siendo engañados. Los "Principios del Animalismo", no eran para aquel puerco otra cosa que una excusa para imponer su voluntad a los otros animales. El único principio por el cual se regía era su sed de poder.

Los animales eran obligados a escuchar las interminables peroratas de Napoleón: "¡Cuatro patas sí, dos pies no!", repetía constantemente. Incluso llevaba a cabo frecuentes elecciones, las cuales ganaba, ya que las bestias parecían hipnotizadas y no encontraban argumentos para oponérsele.

El malestar era cada vez mayor. Aunque supuestamente había libertad de expresión, la realidad es que lo que imperaba era el miedo. Napoleón había creado círculos formados por feroces perros de presa que atacaban a cualquiera que se atreviese a disentir de las opiniones del líder.

Cuando los abusos del verraco y sus compinches se hicieron intolerables, algunos animales reclamaron ante la suprema instancia de la justicia, la Comisión de Cerdos Sabios. Estos últimos, después de deliberar concienzudamente, dieron su veredicto: "Napoleón siempre tiene la razón". Y es que el marrano ya se había apoderado de todos los poderes de la granja.

Finalmente, para sorpresa de todo el mundo, un buen día los cerdos comenzaron a caminar en dos patas. El mismísimo Napoleón salió en persona de la casa del granjero, erguido majestuosamente sobre sus patas de atrás.

¿Acaso los "Principios Animalistas" no estipulaban que todo lo que caminaba sobre dos patas era enemigo?, se preguntaron las bestias. Entonces todos corrieron al muro sagrado para revisar lo que decía la constitución en la cual se había aprobado la igualdad entre todos los animales. Con asombro que rayaba en la consternación, todos pudieron comprobar que Napoleón había cambiado los Siete Mandamientos. De aquella constitución inicial que todos admiraban, ahora quedaba sólo un mandamiento: "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros".

24 febrero 2009

El hermano mayor

Para entender lo que ocurre en Venezuela, nada es más ilustrativo que leer la novela "1984", también conocida como "El hermano mayor", escrita por George Orwell en la década de los 40. Decía Orwell, cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair, que a lo largo de la historia de la humanidad los autócratas siempre han tratado de reescribir la historia.

El 2 de noviembre de 2007, tuvo lugar en Venezuela un referendo para modificar la Constitución. Los ar- tículos cuyo cambio se proponía eran varios; sin embargo, el único que parecía realmente importarle al Presidente era aquel en el cual se proponía la reelección indefinida del Jefe del Estado.

La respuesta del pueblo fue NO. De acuerdo con nuestra Constitución, esa misma pregunta no podía ser planteada nuevamente durante el mismo período. Sin embargo, valiéndose de argucias, el Presidente hizo que la Asamblea Nacional volviese a formular la misma consulta, añadiéndole ahora en una sola e interminable pregunta la reelección indefinida de los demás cargos de elección popular. La argucia a la cual me refiero es la de recurrir esta vez a la vía de la enmienda, en lugar de la reforma.

Jugando todos a una, como Fuenteovejuna, los demás poderes públicos respaldaron el planteamiento presidencial, aunque a todas luces resulta evidente que la vía de la enmienda no es aplicable para proponer un cambio tan trascendente que modifica uno de los principios fundamentales de nuestra Constitución, como es el de la alternabilidad establecida en el artículo 6 de la misma. De manera vergonzosa se puso en evidencia que uno de los principios básicos de la democracia, como lo es el del equilibrio de los poderes, ya no tiene vigencia en Venezuela. La famosa frase de Montesquieu "le pouvoir arrette lo pouvoir" -el poder frena el poder- ya no existe en nuestro país. Ahora todos lo poderes apoyan de manera genuflexa los deseos de uno solo de los poderes, con lo cual la legitimidad de desempeño de quien controla el poder ha desaparecido.

Pero las triquiñuelas no se limitaron a ello. En lo que quizás ha sido uno de los mayores ventajismos que se ha conocido en la historia de Venezuela, el Presidente, sin pudor alguno, utilizó todos los recursos del Estado para ponerlos a la disposición de sus intenciones continuistas. Todos fuimos testigos de numerosas cadenas nacionales, algunas de hasta ocho horas, para promover la campaña del SÍ. Todos fuimos testigos del abandono de las funciones por parte de numerosos funcionarios públicos, a quienes dieron públicamente órdenes de que su única obligación era promover la campaña del oficialismo. Todos fuimos testigos de las intimidaciones de toda naturaleza a los funcionarios públicos, que asistieron al acto comicial convencidos de que si no votaban por la opción presidencial, corrían el riesgo de perder sus puestos de trabajo.

En fin, todos fuimos testigos de la forma descarada como el CNE actuó en función de los intereses de un solo bando. Incluso, se comentaba que cuando a la presidenta del CNE se le pedía que actuase para impedir las cadenas presidenciales y otros abusos semejantes, la respuesta de la rectora Lucena era que no convenía hacerlo, porque como de todas formas el Presidente no iba a acatar ninguna decisión al respecto, el único resultado sería la pérdida de autoridad del organismo electoral y le merma de la confianza en esa institución.

Pues bien, bajo esas condiciones, el resultado no era de extrañar. Ganó el SÍ, pero al Presidente lo alcanzó el futuro. En definitiva, lo que de verdad importa es que el Jefe del Estado pueda cumplir ahora su promesa de que Venezuela está blindada frente a la crisis que inevitablemente se avecina como consecuencia de la caída de los precios del petróleo y la absurda imprevisión por parte del Gobierno ante un hecho que lucía inevitable.

En verdad lo que verdaderamente quedó demostrado es que Chávez no está dispuesto a acatar la voluntad popular, a menos que ésta lo favorezca. En otras palabras, quedó evidenciado, tal como decía Orwell en su novela "1984", que como el Big Brother controla el presente, está dispuesto a borrar el pasado -los resultados de la consulta del 2 de diciembre del 2007- a fin de apoderarse del futuro.

Veamos lo que decía Orwell al respecto: "Si todos aceptan la mentira impuesta, si todos los testimonios dicen lo mismo, entonces la mentira pasa a ser la Historia y se convierte en la verdad. El que controla el pasado, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado".

13 enero 2009

Sembrar la crisis

"Sembrar el petróleo" fue la consigna y el título de aquel histórico editorial que el 14 de julio de 1936 publicó Arturo Uslar Pietri en el diario "Ahora". Fue una campanada de alerta que los venezolanos no supimos escuchar. Hace ya 73 años, Uslar nos advertía: "&la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente..."

Nunca como hoy esas frases tienen tanta relevancia. El presidente Chávez ha sido perfectamente capaz de sembrar el petróleo en Cuba, en Bolivia, en Nicaragua, en Ecuador, en Argentina y en muchas otras naciones. Sin embargo, en Venezuela, solamente ha sido capaz de sembrar la crisis.

Han transcurrido diez años desde que Chávez tomó el poder. A lo largo de buena parte de esos años, el mundo experimentó las mayores tasas de crecimiento económico global y sostenido que se registran, lo cual demandó inmensas cantidades de petróleo y por eso el petróleo subió y nos proporcionó enormes ingresos y oportunidades aún mayores. Una década durante la cual el país dispuso de cerca de 860.000 millones de dólares para impulsar las profundas transformaciones sociales que el pueblo anhelaba. Con esos recursos, un gobernante prudente hubiera podido alcanzar las metas que en materia de vivienda, salud, educación, justicia, seguridad, sanidad e infraestructura requería nuestra población. Diez años para mejorar los servicios públicos de manera substancial. Un lapso en el que se ha debido sembrar el petróleo, diversificar la economía y construir el futuro del país.

Pero nada de eso fue así. El hombre que controló el poder concentró sus esfuerzos en impulsar una revolución que nadie le había pedido. Sacrificó el futuro de Venezuela en aras del presente de su revolución y de su propio proyecto personalista. Sin duda, durante esa década, el pueblo ha recibido las migajas que sobraban en el festín de la revolución, las cuales le fueron servidas en forma de misiones, que en muchos casos estaban diseñadas más para favorecer a Cuba que a los venezolanos.

Pero ahora las cosas han cambiado. En seis meses el precio de la cesta petrolera venezolana cayó en más de un 75%. La abundancia de recursos en la cual se basó todo el poder del presidente Chávez para adelantar su tesis del Socialismo del Siglo XXI, parece haber llegado a su término. Increíblemente el líder de la revolución no lo quiere entender. Despegado cada vez más de la realidad, insiste en que Venezuela está blindada frente a lo que luce como la más grave recesión de la economía mundial desde el crash de 1929. Hoy en día somos más que nunca dependientes del petróleo -en buena medida por culpa de las oportunidades que ha desperdiciado el comandante- y es precisamente esa dependencia la que nos hace vulnerables.

En lugar de buscar el concurso de todos para enfrentar la grave crisis que se avecina en el año 2009, lo que plantea Chávez es una enmienda constitucional que no hace otra cosa que agregar graves elementos de incertidumbres a los negros nubarrones que se interponen en el camino de Venezuela.

Peor aún, si bien habla de la necesidad de sacrificios para los venezolanos, mientras tanto la prensa trae noticias de que se han comprado en Rusia dos aviones similares a los que utiliza el presidente de aquella nación (¿qué pensará hacer con el que ya tiene?) y se firman contratos para compras de armamentos por montos que dan vértigo. Si bien restringe los dólares que utilizan los venezolanos, nada parece afectar las generosas donaciones a Bolivia, a Cuba, a Nicaragua, ni las ventas de petróleo bajo condiciones ruinosas para Venezuela a través de Petrocaribe, cuya factura es pagada una parte a 25 años con dos años de gracia y 1% de interés, y la otra parte mediante trueque a cambio de habitaciones hoteleras en islas del Caribe o manualidades turísticas o incluso con nuez moscada.

Sin embargo, las cosas no le van bien al líder. Acaba de dar una de las mayores muestras de debilidad que podamos imaginar. Hasta ahora, él era un portaviones al que tenían que montarse aquellos que aspirasen a algún cargo de elección popular. Pero hoy, enfrentado a la realidad de unas encuestas que no lo favorecen, decide invertir la situación y es él quien se monta esta vez en el portaviones de los gobernadores y alcaldes oficialistas que fueron elegidos en diciembre pasado. Razona que si la enmienda plantea en una sola pregunta la reelección indefinida de esos funcionarios, quizás la posibilidad de su propia reelección -altamente impopular- pueda pasar de contrabando.

30 diciembre 2008

La rueda de la fortuna

Mañana finaliza el año 2008. Con el año nuevo, concluye también un ciclo en la historia política de Venezuela. Una etapa marcada por una enorme abundancia de recursos provenientes del petróleo, que permitieron a un Gobierno, con pocos valores democráticos, controlar totalmente las instituciones del país y disponer de sus recursos al margen de controles que antes eran habituales.

Un Gobierno que ganó las elecciones en diciembre de 1998 porque la sociedad anhelaba un cambio, demostró a lo largo de diez años su incapacidad para cumplir lo que había ofrecido. Dispuso sin embargo durante ese lapso de unos 860.000 millones de dólares, que bien administrados, han debido servir para alcanzar la solución de buena parte de los problemas sociales que aquejan al país y dejarlo encaminado por un rumbo de desarrollo económico sustentable en el tiempo... ¡No fue así!

En 1998 Chávez gana las elecciones en medio de una grave crisis provocada por una caída de los precios del petróleo que fue el resultado de una aguda desaceleración económica en el sudeste asiático. A partir de 1999, los precios comenzaron a recuperarse. Aunque él afirme lo contrario, poco tuvo que ver el gobernante venezolano en aquella recuperación. Ella se debió a que el mismo derrumbe del precio de los hidrocarburos, se transformó en el principal factor que facilitó la recuperación de países tales como Tailandia, Corea del Sur, Singapur, Malasia, Hong Kong, Indonesia, Filipinas, Taiwán e incluso Japón, economías cuyo funcionamiento requiere de enormes importaciones de hidrocarburos. Al recuperarse esas naciones, se restableció la demanda petrolera y en consecuencia los precios del producto repuntaron. Contribuyó también a ese repunte -aunque en menor grado- el recorte de producción de la OPEP.

El restablecimiento de los precios y el increíble aumento que experimentaron a los largo de los años siguientes -pasaron $ 8 hasta alcanzar los $147 por barril- ha debido servir para sentar las bases de una sólida diversificación de nuestra economía, a fin de evitar en el futuro la trampa de los ciclos que por lo visto acompañan de manera inevitable al mercado petróleo.

Pero en lugar de propiciar esa diversificación en momentos en que contábamos con los recursos para hacerlo, Chávez se lanzó por el camino de una revolución cargada de populismo, cuyo ámbito de acción ni siquiera se limitó a las fronteras nacionales. Sin duda fue capaz de representar un sueño en el que muchos creyeron, porque para ello dilapidó el gobernante una abultada renta que le permitió crear una burbuja temporal de consumo. Sus seguidores creyeron que se trataba de una realidad cargada de contenido social. Era sólo una ilusión.

La dependencia con respecto al petróleo se exacerbó a niveles nunca antes conocidos. También la dependencia con respecto a las importaciones, pues el aparato productivo nacional, golpeado por las incoherencias del Socialismo del Siglo XXI, ya no es capaz de producir los bienes y sobre todo los alimentos que consumimos.

Chávez tuvo en sus manos una oportunidad excepcional. Su popularidad llegó a ser inmensa y sus opositores habían perdido el favor de la opinión pública. Ante él y ante el país se abría un futuro cargado de promesas. Pero& ahí comenzó la cadena de barbaridades que pusieron en evidencia el talante autocrático y la incapacidad del gobernante.

Se termina un año y a la vez despedimos una década que se inició en 1999 y concluye en el 2008. A lo largo de esos diez años la rueda de la fortuna ha dado un giro completo. Al concluir el ciclo de un decenio, nos encontramos que estamos peor que al principio. Se inició con una economía en crisis como consecuencia de la caída de un 30% en el precio del petróleo. Éstos repuntaron después hasta alcanzar niveles nunca antes imaginados, para ahora concluir con una caída abrupta de más de un 75% con respecto a su punto máximo en julio del presente año.

Sin duda el gobernante echará la culpa a otros. Pero eso no es verdad. La culpa es íntegramente suya, porque no supo sembrar y no quiso aprovechar los momentos de abundancia para tomar las medidas capaces de protegernos en tiempos de escasez.

Quizás pronto comience también un nuevo ciclo político. Un pueblo cargado de frustraciones y hastiado de engaños, no será capaz de soportar una crisis como la que se avecina. Los venezolanos iniciarán este nuevo año y esta nueva etapa con un sincero propósito de enmienda y dirán NO a los errores del pasado.

08 octubre 2008

¡Crash!

El fantasma de una recesión ronda por el mundo. Ciertamente, el capitalismo atravesará por una de sus periódicas fases de depuración. Considero que al final saldrá robustecido con regulaciones que sin destruir los principios fundamentales de donde emana su fortaleza, le añadirán otros valores que lo vigorizarán en el campo de la ética.

Mucho me temo que quienes difícilmente lograrán superar la crisis que se avecina son algunas posiciones basadas en un populismo estridente y en ingresos nunca antes imaginados derivados del aumento en el precio del petróleo.

Entre el 2003 y el 2006, la economía del mundo entero experimentó tasas sin precedente de crecimiento sostenido, superando cada año el 4,5%. Muchas empresas norteamericanas vinculadas al sector financiero y al sector inmobiliario creyeron que el cielo era el límite. En agosto del 2007 despertaron en medio de la pesadilla de la crisis de los créditos "subprime", que terminó por contaminar a las bolsas de todo el mundo. En el 2008 vino el crujir de dientes.

Sin embargo, mientras duró la parranda, el acelerado crecimiento económico global que se estaba produciendo se tradujo en un aumento desmesurado en la demanda y en los precios del petróleo, a lo cual vino a sumarse la especulación con las compras a futuro del producto. Venezuela dispuso en consecuencia de enormes ingresos, a pesar de que su producción petrolera estaba disminuyendo.

Mientras tanto, el inflado ego y la poca comprensión de los fenómenos económicos que caracterizan a nuestro líder, lo hicieron creer que era un ser predestinado y que el aumento de los precios del petróleo era obra de su "refinada diplomacia y su hábil política petrolera". Creyó también que tenía derecho a manejar esos recursos a su leal saber y entender. Pretendió imponer un nuevo sistema al cual bautizó como "socialismo del siglo XXI". Convencido además de que las fronteras de Venezuela eran poca cosa para la aplicación de tan genial idea, optó por extenderla a toda Latinoamérica, cuyos países vieron fluir los recursos provenientes del ingreso petrolero venezolano, eso sí, acompañados de un aguijón ideológicamente emponzoñado. Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Argentina y varias naciones de Suramérica, Centroamérica y el Caribe cayeron rendidamente enamorados ante la generosa chequera del galán petrolero.

Nos anuncia ahora el líder de la revolución que se acerca la muerte del capitalismo, pero que Venezuela no se verá afectada por la crisis global. ¡Qué equivocado está! Venezuela es hoy en día más que nunca dependiente del petróleo y el petróleo es el producto más globalizado que hay en el mundo. Si en algo se traducirá la desaceleración de la economía de los EEUU que predice el Fondo Monetario Internacional, es precisamente en una disminución en la demanda de petróleo. Desde luego, una recesión en EEUU afectará sin duda al resto del mundo, lo cual se traduce en peores noticias para el petróleo.

Creo que es interesante revisar la magnitud de la crisis financiera planteada. En una inusual intervención, el presidente Bush, el Presidente del FED y el Secretario del Tesoro, anunciaron conjuntamente la urgencia de aplicar un plan capaz de impedir que el mundo se hunda en un crash similar al de 1929. Después de varias modificaciones, la propuesta fue aprobada por la Cámara del Senado y vemos a los dos candidatos, Obama y McCain, pidiéndole a la Cámara de Representantes que la apruebe. La magnitud de los recursos que se estima se van a requerir para salvar al capitalismo es del orden de los 700.000 millones de dólares.

Poca cosa, si lo comparamos con los recursos de que ha dispuesto el presidente Chávez, quien durante su mandato ha dilapidado cerca de 812.000 millones de dólares.

Pero ahora las cosas están cambiando. Desde mediados de julio los precios del petróleo cayeron desde $147,30 por barril hasta unos 92 dólares en el momento de escribir estas líneas. Mucho me temo que los veremos desplomarse por debajo de los 70 dólares. Tristemente eso sólo augura inflación, escasez, devaluación, desempleo y sufrimiento. Para empeorar las cosas, el aparato productivo venezolano está tan golpeado que ya no somos capaces de producir lo que consumimos. El problema es que no vamos a contar con los dólares para importarlos.

En Venezuela habremos desaprovechado, una vez más, una oportunidad de oro. El "socialismo del siglo XXI" y su líder sólo serán recordados como una pesadilla. Dios quiera que al menos hayamos sido capaces de aprender una lección.

06 mayo 2008

Social-sismo

Hasta hace poco el Presidente no dejaba de atosigarnos con su prédica acerca del "socialismo del siglo XXI". Debo confesar que en lo personal nunca entendí a qué se refería, quizás porque el propio ponente no parecía tenerlo claro. Lo único que quedaba meridianamente transparente es que él deseaba un mecanismo que le permitiese mantenerse el mayor tiempo posible -preferiblemente de manera indefinida- en el poder. Sin embargo, la situación ha venido evolucionando. El pensamiento chavista eliminó ya la parte final de su propuesta, aquella que se refería al "siglo XXI". Por fin todos entendimos que la doctrina que pretenden implantar se denomina simplemente "socialismo".

Por supuesto, eso de socialismo a secas no existe. Distintas formas de socialismo se han conocido. Algunas de ellas fracasaron porque fueron responsables del empobrecimiento de infinidad de seres humanos y de la instauración de algunas de las peores dictaduras que han existido. Otras modalidades de socialismo, como por ejemplo el socialismo democrático o el social cristianismo, han sido capaces de dar valiosos aportes a las sociedades donde han triunfado y han logrado establecer regímenes donde las libertades políticas han propiciado que el progreso social vaya de la mano con el progreso económico.

"Social-sismo" es quizás la expresión más apropiada para definir el sistema que se quiere imponer a los venezolanos. "Social-sismo" equivale a socialismo impuesto a los trompicones. La última parte del término -"sismo"- nos indica que es un sistema que llega con fuerza destructiva y que quizás podría medirse en grados dentro de la escala de Richter, que sirve para evaluar la amplitud de las ondas sísmicas que se producen y la magnitud de los daños que se ocasionan.

Se trata de un sistema que procura aplicarse a espaldas de la sociedad, puesto que cuando éste fue consultado el 2 de diciembre último, la respuesta de los venezolanos fue un expresivo ¡NO! Sin embargo, la contundencia de ese NO por lo visto nunca vamos a saberla, quizás porque las ondas sísmicas afectaron la estructura del CNE o las máquinas de Smartmatic.

En todo caso, uno de los daños más graves que ha ocasionado el "social-sismo", es deterioro a las instituciones. En Venezuela ha desaparecido el equilibrio de los poderes. Por ejemplo, todos a una -como Fuenteovejuna- los poderes se arremolinan en torno al Presidente para impedir que algunos de los más populares candidatos de la oposición puedan concurrir a las elecciones de gobernadores y alcaldes. Así vemos al Poder Moral -el contralor- dictaminando la inhabilitación de muchos de esos candidatos. A la vez vemos al Poder Electoral uniendo fuerzas con el Poder moral (con "m" minúscula) para impedir el inevitable triunfo de los mismos. Y por último vemos a la sala constitucional del TSJ respaldando una decisión que parece contradecir expresas disposiciones de la Constitución, conforme a la cual el contralor no puede inhabilitar más que a funcionarios designados, lo cual no aplica a cargos de elección popular.

El "social-sismo" está hiriendo mortalmente a otras instituciones fundamentales del país. Vale la pena hacer hincapié en el caso del señor ministro del poder popular para la defensa (mppd, todo en minúscula). Pudimos escuchar a ese señor instigando a los militares a contravenir la Constitución, la cual expresamente reza en su Artículo 328: "La FAN constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, al servicio exclusivo de la Nación... , y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna". Para colmo calificó de "burros" y "cobardes" a aquellos oficiales que por "institucionalistas" todavía creen que la Constitución debe ser respetada.

¡Menudo sismo el que debe existir actualmente dentro de la FAN! Se deberían estar estremeciendo los cimientos mismos de la institución.

El "social-sismo" también está causando estragos en la economía venezolana, ya que sus consecuencias inmediatas son la inflación, la escasez y la destrucción del aparato productivo. Las inversiones en nuestro país, medidas como porcentaje del Producto Interno Bruto, son las más bajas que hemos tenido en décadas. Mientras tanto, el país depende cada día más de las importaciones para poder sostener la burbuja de consumo en que está sumida Venezuela, alimentada únicamente por los precios del petróleo. Al menor sismo esta burbuja va a estallar.

Una cosa debemos tener clara: el "social-sismo" no es compatible con la democracia.


22 abril 2008

¡Ya estamos hartos!

Los venezolanos nos estamos enfrentando a un proceso político devastador, basado simplemente en una avalancha de recursos petroleros que no tiene precedentes y que han servido para alimentar una revolución de corte populista y destructiva, así como a uno de los líderes más demagogos y desestabilizadores que ha conocido nuestro continente.

Hugo Chávez ostenta el récord de ser el mandatario que durante más tiempo ha permanecido en el poder de manera continua desde que en 1830 Venezuela se separó de la Gran Colombia, aunque quizás otros gobernantes han ejercido su influencia durante lapsos más prolongados. Revisemos algunas páginas de nuestra historia.

Chávez se ha mantenido al frente de la Primera Magistratura desde que gana las elecciones en diciembre de 1998. Después modificó la Constitución para incluir la figura de la reelección inmediata. Recientemente -en diciembre de 2007- pretendió a través de un referendo introducir un nuevo cambio a la Constitución, cuyos objetivos centrales eran la implantación del socialismo y la reelección presidencial indefinida, lo cual se ajusta perfectamente a sus intenciones de mantenerse en el poder más allá de 2030.

El pueblo reaccionó ante ambas propuestas manifestando su inconformidad a través de un expresivo NO. Sin embargo, el Presidente considera que los resultados electorales sólo son vinculantes cuando favorecen su voluntad. De lo contrario, asume su ropaje de autócrata y sigue adelante sin inmutarse y "sin cambiarle ni una coma" a su propuesta. ¿Qué se habrá creído el pueblo?, se preguntará a sí mismo. Y probablemente en su fuero interno se dice: ¿Es que acaso no comprenden que sólo yo soy la verdadera y única voz del pueblo"

Hugo Chávez ya se encuentra en su décimo año de gobierno, cabeza a cabeza en cuanto a longevidad en la silla presidencial con otro caudillo militar que gobernó a Venezuela entre 1899 y 1908. Me refiero a Cipriano Castro, quien bajó de los Andes al frente de su revolución conocida como "Los Andinos al Poder" y estableció una dictadura militar hasta que finalmente fue derrocado.

Luego vino Juan Vicente Gómez, quien sin duda controló el país hasta su muerte acaecida el 17 de diciembre de 1935. Gómez gobernó con mano de hierro; sin embargo, puso fin a varias décadas de revoluciones y de caudillismos que habían plagado a Venezuela de miserias, legándole al país más de un siglo de paz. Ahora bien, se equivocan quienes piensan que estuvo en la Primera Magistratura durante todo ese período. De hecho, fue Presidente por primera vez entre 1908 y 1914 (6 años). En los siete años siguientes -entre 1915 y 1922- el presidente fue Victorino Márquez Bustillos, aunque Gómez conservó la jefatura militar. Nuevamente retorna Gómez a la presidencia entre 1922 y 1929 (7 años), cuando le entregó el sillón presidencial a Juan Bautista Pérez. En 1931 el Congreso lo elige una vez más. Esta vez se mantiene al mando hasta el momento de su fallecimiento en 1935, es decir, durante menos de cuatro años. Nunca fue presidente por más de 7 años consecutivos.

Otro caso digno de mención es el de Antonio Guzmán Blanco, quien asume la presidencia durante siete años entre 1870 y 1877, para entregarle ese año la silla presidencial al general Francisco Linares Alcántara. Nuevamente regresa Guzmán Blanco en 1879, manteniéndose en la presidencia hasta 1884, es decir, cinco años, cuando la Primera Magistratura pasa a manos de Joaquín Crespo. Y por último, Guzmán regresa al poder por algo más de un año, entre 1886 y 1887. Nunca gobernó durante más de 7 años seguidos.

José Antonio Páez y José Tadeo Monagas también asumieron la Primera Magistratura en diversas oportunidades, ninguna de las cuales individualmente consideradas superó los cinco años.

El Teniente Coronel Hugo Chávez se está constituyendo en un caso excepcional de ambición desmedida de poder. La barrera entre la democracia y la autocracia se hace cada vez más tenue y, dada la composición de quienes le acompañan al mando, su gobierno se hace cada vez más militarista. ¡Ya estamos hartos!

Nota: En mi último artículo señalé que en la página web del TSJ no figuraba la decisión del 14 de agosto de 2002 donde la Sala Plena declaraba que a raíz de los sucesos de abril de 2002 se había producido un "vacío de poder". Un lector se comunica conmigo y me demuestra que dicha sentencia sí había sido publicada, aunque en otra fecha. Por razones de seriedad me siento obligado a rectificar.

25 marzo 2008

La monomanía antiimperialista

De la lectura del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2013, surge una profunda preocupación en relación con el rumbo al cual quieren llevarnos a empujones. Muchos creímos que el pueblo venezolano había expresado un rotundo y contundente NO a la vía socialista. Pero por lo visto el oficialismo no lo considera así. El Presidente parece creer que elecciones y referendos no son más que una gracia de su parte, pero que sus resultados no son vinculantes a menos que lo favorezcan.

Un ejemplo claro del rumbo por el cual pretenden llevar a Venezuela podemos encontrarlo en el Plan de la Nación. Al referirse a las relaciones internacionales del país, surge un programa claramente definido que sin duda representa un paquete cargado de ideología socialista, cuyos redactores parecen haber quedado congelados en los tiempos de la "Guerra Fría".

Me voy a referir en esta oportunidad a la nueva visión geopolítica que pretende imponérseles a los venezolanos, en la cual los factores políticos e ideológicos privan sobre los más elementales intereses de nuestro pueblo.

El citado Plan pareciera diseñado para favorecer a Cuba, Nicaragua, Bolivia o Argentina; pero, los intereses y las necesidades del pueblo venezolano son groseramente olvidados. El interés supremo de Venezuela -de acuerdo con los autores del Plan de la Nación- pareciera girar entorno a la idea de que hay que destruir al imperio, aunque en el proceso los venezolanos nos arruinemos.

Para contribuir de manera activa a ese objetivo, el Plan plantea textualmente propuestas concretas como por ejemplo: "Fortalecer los movimientos alternativos en Centroamérica y México en la búsqueda del desprendimiento del dominio imperial", o bien, "Neutralizar la acción del imperio fortaleciendo la solidaridad y la opinión pública de los movimientos sociales organizados".

Ya no se trata de simple palabrería de la boca para afuera. Como vemos, se trata de la confesión más increíble, en un documento oficial, de que el Gobierno venezolano está dispuesto a intervenir en los asuntos internos de otras naciones vecinas a fin de alcanzar sus metas atiimperialistas. El tema del imperio se transforma en una suerte de monomanía a la cual los simpatizantes de régimen recurren hasta la saciedad a fin de achacarle todos los males del mundo. Algo así como un CD incrustado en sus rojos cerebros, que repiten y repiten continuamente.

Resulta interesante también analizar las nuevas alianzas extra regionales contempladas. En este sentido, no cabe duda de que el mayor crecimiento de la economía mundial parece estar desplazándose hacia el Asia. A Venezuela le conviene por tanto un acercamiento con ese continente.

Ahora bien, en lugar de promover un acercamiento basado en el mutuo interés de propiciar un mayor intercambio comercial fructífero y equilibrado que favorezca a los pueblos, el objetivo que se señala en el mencionado Plan de Desarrollo 2007-2013 se basa en la necesidad de buscar la "diversificación de las relaciones políticas, económicas y culturales, con la idea de construir un mundo multipolar que quebrante la hegemonía del imperio norteamericano"

Por ejemplo, al definir lo que el Plan denomina como nuevas áreas de interés geoestratégico, se señalan casos concretos como el de Irán, Siria, Bielorrusia y Rusia. El objetivo de estas nuevas alianzas es, entre otros, el de: "Consolidar la alianza política integral emergente con base a los intereses comunes antiimperialisas"

Después el Plan pasa a analizar el caso de China, Vietnam y otros. Una vez más surge allí la eterna cantaleta antiimperialista. Uno de los objetivos que se persiguen con estas alianzas es el de: "Construir un nuevo marco de comercio mundial que permita romper con los núcleos hegemónicos del intercambio comercial"

Ciertamente, lo repito, a Venezuela le conviene un acercamiento a China dada la creciente importancia de ese país en la economía mundial.

Ahora bien, lo que no han entendido nuestros líderes es que el éxito de China se debe en buena medida a que ese país abandonó hace mucho tiempo la infantil retórica socialista típica de a guerra fría y se viene adentrando por los caminos del capitalismo. En lugar de quebrar la hegemoníadel imperio norteamericano, China ha optado por aprovechar las ventajas del mercado norteamericano (y de cualquier otro). China desea, por todos los medios, incorporarse al mundo globalizado. Venezuela está, por todos los medios, separándose del mismo.


26 febrero 2008

Metástasis

Siempre he planteado a mis alumnos que los problemas económicos pueden compararse a los de la medicina. Ésta se dedica al estudio del cuerpo humano, su anatomía, su funcionamiento, sus enfermedades y las medidas que hay que aplicar para curarlas. Pues bien, la economía debería estudiarse de la misma forma, con la diferencia de que en vez de estudiar el cuerpo humano, la ciencia que nos ocupa tiene por finalidad estudiar el "cuerpo económico". Un cuerpo enfermo presenta síntomas que sirven a los médicos para identificar y tratar el mal. Lo mismo ocurre con una economía enferma.

La economía venezolana está muy enferma. ¿Cuáles son los síntomas que presenta? ¿Cuál es la patología que la afecta?

Los síntomas son la inflación, la escasez, la falta de inversión, el desempleo enmascarado, la inseguridad jurídica, la incertidumbre, la caída de la producción petrolera, el desconocimiento a la propiedad privada, las amenazas a los productores, el irrespeto a los contratos, etc. El paciente está cada vez más deprimido. Las partes de la anatomía económica que están afectadas son los consumidores, los trabajadores, las empresas, la industria petrolera, las amas de casa, el sistema financiero, los industriales, los comerciantes y hasta el mismísimo Gobierno.

El cerebro, que todo lo coordina, está actuando de forma desbocada y en lugar de transmitir las órdenes adecuadas para que el sistema inmunológico reaccione -impidiendo el avance de la enfermedad- lo que hace es enviar a través del sistema nervioso un conjunto de órdenes alocadas que no hace más que incitar el avance del mal y propiciar un desequilibrio general en el funcionamiento del organismo.

Algunas células malignas se están extendiendo por todo el cuerpo a través del torrente circulatorio. Si hablásemos en términos económicos, quizás pudiésemos establecer un símil con el torrente monetario. Las células malignas transportadas a través del sistema se están alojando en algunos órganos. Cada una de ellas comienza a multiplicarse desordenadamente, alimentadas por el oxígeno que transportan los glóbulos rojos. Me refiero al gasto público, que en lugar de incentivar un funcionamiento armónico del organismo económico, lo que está logrando es nutrir algunas tumoraciones que de manera desordenada proliferan por todas partes.

El color rojo característico de la hemoglobina se debe al vital oxígeno que absorbe la sangre del paciente al respirar. Ese oxígeno -el ingreso petrolero en el caso de nuestra economía- debería revitalizar al paciente estimulando el desarrollo de las células sanas. Pero lamentablemente la proliferación descontrolada de las células enfermas se ve estimulada por una red de vasos sanguíneos -rojo rojitos- anómalos y perversos que prosperan en torno al tejido tumoral, induciendo así el crecimiento desbocado de la malignidad.

Al llegar a este punto, el médico ya puede identificar claramente la patología que aflige al paciente. Se trata de un cáncer que se origina en uno de los órganos vitales del organismo: el cerebro. Las células que de allí se desprenden ya se han extendido a través de un proceso conocido como metástasis, poniendo en grave peligro la vida del enfermo.

Este tipo de cáncer del cerebro es de pronóstico reservado. A veces se puede curar mediante extirpación quirúrgica. En otros casos hay que recurrir a la quimioterapia y a la radiación.

A través del proceso de metástasis, las células malignas que se desprenden del cerebro ya se han alojado en el corazón de nuestro sistema económico. Allí se están dando las condiciones adecuadas para que prolifere la peor forma de cáncer que puede afectar a una economía: la "estanflación"; es decir, estancamiento con inflación.

El término "stagflation" (en inglés) fue acuñado por el ministro de Finanzas británico Ian McLeod en 1965, quien lo calificó como "el peor de los dos mundos". Se trata de una enfermedad de extrema gravedad que se produce cuando en un mismo momento coinciden dos patologías económicas: la recesión y la inflación. Cuando este mal se llega a diagnosticar se puede concluir que el paciente se encuentra en estado terminal. Ello se debe a que todas las medicinas que se pueden aplicar para curar la inflación, agravan la recesión. A la vez todas las recetas a las cuales se recurre para aliviar la recesión, recrudecen la inflación.

Nunca, en ninguna parte del mundo, ningún gobierno ha sobrevivido a un proceso de esta naturaleza. Venezuela se encuentra a las puertas de una estanflación.


12 febrero 2008

El fin justifica los medios

El desplome en las encuestas que sufre el príncipe de esta revolución explica los conflictos que intenta crear para desviar la atención de la opinión pública. No es nada innovador. No hace más que seguir los consejos de Nicolás Maquiavelo expresados por allá en los albores del siglo XVI. Cree que a fin de recuperar su popularidad puede recurrir a cualquier medio.

Pero la realidad es que es difícil que los venezolanos acepten propuestas tan absurdas como las que pretende venderles. Intentos por reescribir la historia, no servirán para distraer a los ciudadanos del drama que tienen que vivir día a día.

Resulta casi ridículo, por ejemplo, que un Gobierno que no es capaz de resolver los crímenes que constantemente asolan a nuestra población (incluyendo el de Danilo Anderson), pretenda ahora crear una comisión que incluye al Vicepresidente, a diez ministros y al Fiscal General -todos notables historiadores-, para investigar un supuesto asesinato del Libertador que en opinión del príncipe ocurrió presuntamente en 1830. Más allá de la profanación que implica la pretensión de exhumar los restos de Bolívar (que ofende a quienes somos verdaderamente bolivarianos), la interrogante que todos nos formulamos es la siguiente: ¿Es que esos señores no tienen nada que hacer? ¿Es que la actividad de esos altos funcionarios no consiste en otra cosa que aplaudir servilmente las kilométricas y televisadas alocuciones de su jefe? ¿A qué hora trabajan?

Cada domingo se nos atosiga con un menjurje de contradicciones deshilvanadas. Al escucharlas, me vienen a la memoria algunas líneas de una carta de Maquiavelo a Francesco Guicciardini en 1521: "desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla".

Y ya que me estoy refiriendo a Maquiavelo, me gustaría mencionar también las opiniones por él expresadas en el capítulo XXII de su obra El Príncipe: "No es de poca importancia para los príncipes la buena elección de sus ministros, los cuales son buenos o malos según la prudencia usada en dicha elección".

Aquí cabe preguntarse, ¿fue buena la prudencia usada en la elección del actual gabinete? Lo que los venezolanos percibimos es un constante enroque de figuras cuyo denominador común es haber fracasado en las posiciones donde antes estaban o, en todo caso, carecer de los más elementales conocimientos para el desempeño del cargo que se les encomienda.

Y es que si nuestro príncipe cree que todo lo sabe, ¿para qué necesita de otra cosa que no sea la más sumisa lealtad a la hora de escoger a los hombres que le rodean?

Pero el príncipe se está topando con la dura realidad. La realidad es la inflación, que inevitablemente tenía que estallar como consecuencia de la ignorancia que ha caracterizado las políticas monetarias y fiscales que se han aplicado. Es la escasez, que es la consecuencia lógica de los controles de precios y de cambio, las amenazas, las invasiones de fincas, la falta de estímulos para invertir, el desprecio a la propiedad privada y la inseguridad jurídica. Es la destrucción de Pdvsa y la caída de su producción que tenía que resultar del despido de 20.000 trabajadores, la interrupción de las inversiones, el deterioro de las instalaciones, el desconocimiento de los contratos, la politización como visión empresarial, el cambio de la misión de la empresa que ahora es una quincalla que hace de todo pero que ha dejado de ser una compañía petrolera. La realidad es la inseguridad, la falta de vivienda y el colapso de la salud que agobian a todos los venezolanos.

Y para distraernos de esas realidades, el príncipe genera un conflicto tras otro. El último es el enfrentamiento con Colombia y la pretensión de imponernos sus evidentes simpatías por las FARC -con quienes según él limita Venezuela- contribuyendo así al creciente aislamiento internacional en el cual nos está sumiendo. Me pregunto, ¿en qué momento se pasará de la raya?

Como el pueblo ya se cansó de los frenéticos discursos del príncipe y de sus vanas promesas, éste recurre ahora a medios cada vez más conflictivos para acaparar su atención. Pero el pueblo no es tonto. Eso es lo que están mostrando las encuestas. El pueblo quiso creer pero ya no cree. A eso se refería Maquiavelo cuando afirmaba:

"La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos".

15 enero 2008

El Síndrome de Estocolmo

Felicidades a Clara Rojas y Consuelo de Perdomo, víctimas inocentes de la tragedia que asola a Colombia. Valga la ocasión para referirnos al Síndrome de Estocolmo del cual tanto se ha hablado en estos días, pero cuyo origen muchos desconocen. Se trata de un estado psicológico en el que la víctima de un secuestro desarrolla una particular relación con su victimario, llegando en ocasiones a solidarizarse con los objetivos de sus captores.
Se origina el síndrome en un hecho ocurrido en 1973 en la ciudad de Estocolmo en Suecia, cuando un grupo de delincuentes robaron el banco Kreditbanken y mantuvieron durante varios días como rehenes a sus ocupantes. Lo curioso es que las víctimas llegaron a identificarse con los motivos de los autores del delito.
El caso fue estudiado por el psicólogo Nils Bejerot, quien estableció que el síndrome suele presentarse en casos de víctimas de abusos tales como rehenes, niños con abuso psicológico, prisioneros de campos de concentración y otros casos de características similares.
Explica Bejerot que el Síndrome de Estocolmo se presenta cuando la víctima es sometida a grave presión psicológica, o cuando no tiene posibilidad de escape y se siente aislada del exterior y abandonada.
Lo que está ocurriendo actualmente con los secuestrados de la FARC, evidencia una nueva faceta del Síndrome de Estocolmo. En efecto, no son sólo las víctimas las que padecen los efectos del fenómeno. A veces lo sufren también algunos de sus familiares.
No es ese el caso de los parientes de Clara y Consuelo, quienes con ejemplar dignidad expresan su lógico agradecimiento a quienes los ayudaron en Venezuela y Colombia. Especial mención merece esa gran señora, doña Clara González de Rojas -madre de Clara- quien con su serena honorabilidad se ganó el corazón de los venezolanos.
Sin embargo, el esposo de otra de las secuestradas -aún cautiva- se refiere a las FARC casi como a una institución altruista que está dando pasos unilaterales para resolver la tragedia, en tanto que desde su punto de vista el villano es el gobernante de Colombia que obstaculiza la solución. Olvida que los secuestradores de su esposa fueron las FARC, que unilateralmente la privaron de su libertad.
En esta urdimbre, vale la pena analizar los hilos representados por cada uno de los actores que se entrecruzan en la trama del tejido, para estudiar la situación en su justa perspectiva.
Por una parte están los secuestradores, quienes de forma unilateral capturan a víctimas inermes e inocentes y las utilizan para exigir un rescate o como escudo humano para protegerse ellos mismos de la acción de las autoridades. Por otra parte están las víctimas. A ellas no puede achacárseles ninguna culpa. Están sometidas a abusos físicos y sicológicos por parte de sus captores. Su prioridad es la supervivencia.
En tercer lugar está el rol de las autoridades. Éstas tienen la obligación de intentarlo todo para liberar a las víctimas, sin poner en peligro su integridad física. Pero no pueden las autoridades, en nombre de un falso concepto de humanitarismo, hacer concesiones que pongan en peligro al resto de la sociedad.
En cuarto lugar están los familiares, desgarrados, confundidos e impotentes. Después está la sociedad misma, sometida al terror colectivo que impone la tragedia.
En medio de este drama, surgen intermediarios de buena fe -como la Cruz Roja- que atendiendo profundas razones humanitarias facilitan con su labor prudente, efectiva y discreta, la liberación de los cautivos.
Hay que analizar también el papel de algunos mediadores. Nada tiene de humanitario aprovechar el dolor humano para obtener un beneficio político. Un mediador no debe aparecer en la escena al redoble de los tambores, ni tratando de acaparar la atención de cámaras y espectadores al estilo de una superproducción de Hollywood. La presencia de Olivar Stone en el fallido intercambio de finales de diciembre no merece otra cosa que el más completo repudio.
Sirva el fracaso de aquella gestión pantallera, para poner en evidencia la forma cautelosa que finalmente signó el éxito de la liberación y el respeto para quienes la lograron.
Mientras observo emocionado el instante en que estas dos colombianas recuperan su libertad, expreso mi más ferviente deseo por la libertad de todos los secuestrados. Y a mi mente vienen desde luego los casi 70 venezolanos privados de su libertad, que no parecen haber contado con el beneficio de un mediador que se interese por ellos.
José Toro Hardy
osetoro@movistar.net.ve

18 diciembre 2007

Socialismo quiéranlo o NO

El oficialismo tiene la manía de cambiarle el nombre a todo. Estas acciones lucen a primera vista como mecanismos ingenuos para dar la impresión, ante una opinión pública desprevenida, de que existe un Gobierno que está tomando decisiones.

La realidad es completamente diferente. Al revisar las páginas de la historia, nos encontramos conque suelen ser gobiernos autoritarios, caracterizados por marcadas posiciones ideológicas que intentan imponer por la fuerza, los que con frecuencia recurren a este tipo de procedimientos.

Hitler, por ejemplo, cambió los símbolos patrios de Alemania, imponiendo la svástica como bandera, que no era otra cosa que el emblema de su propio partido nacional socialista. Por esa vía se implantó, en aquella sociedad, la convicción de que un partido único -el nazi- se había apoderado de la voluntad de toda la nación.

Lenin y Stalin también recurrieron al mismo arbitrio. Dentro del territorio del antiguo Imperio Ruso que había sido abolido por la revolución de 1917, le cambian el nombre a Rusia y conforman en 1922 la URSS. Proceden también a cambiar la tradicional bandera rusa, la cual reemplazan por la bandera roja de los comunistas, que ostenta el símbolo de ese partido: la hoz y el martillo. Asimismo, a la antigua San Petersburgo capital del Imperio Ruso por más de doscientos años, le cambian el nombre por el de Leningrado.

En China, Mao Tse-tung repite la misma estrategia. La bandera china de cinco franjas de color rojo, amarillo, azul, blanco y negro es reemplazada en 1949 por la actual bandera roja, con cinco estrellas amarillas, que simboliza la unidad del pueblo revolucionario bajo la dirección del partido comunista. Ese mismo año Mao modifica el nombre de su nación, anteponiéndole el calificativo de República Popular.

Muamar Gadafi -el dictador libio que asume el poder después de un golpe de Estado en 1969 y que durante muchos años fue acusado de financiar el terrorismo internacional- le cambió también el nombre a Libia, la cual pasó a denominarse "Yamahiriyya (Estado de las masas) Árabe Libia Popular Socialista". Y en 1977 cambia también la bandera de su país.

En fin, razones de espacio me impiden seguir citando infinidad de ejemplos similares. Dejo claro, sin embargo, que a lo largo del siglo XX este tipo de mecanismos fue un recurso habitual entre gobernantes que tenían un denominador común: todos fueron dictadores que pretendieron borrar los puntos de referencia histórica de sus respectivas naciones e intentaron imponer por la fuerza una ideología única a sus conciudadanos. Sin excepción, todos procuraron también extender esa ideología más allá de sus fronteras y todos se caracterizaron por el irrespeto a los derechos humanos más elementales.

En Venezuela, los ciudadanos tenemos justificados motivos para preocuparnos. A lo largo de los últimos nueve años, el actual gobernante comenzó por cambiar el nombre de nuestra patria, anteponiéndole el nombre de "Bolivariana". Desde luego, el nombre de Bolívar es venerado por todos los venezolanos, pero la connotación de bolivariana no se basó en las ideas del Libertador, sino en la imagen retorcidamente utilizada -e indebidamente apropiada por una facción política- de un símbolo que en realidad pertenece a todos los venezolanos.

Nos cambiaron también la bandera, agregándole una estrella. Modificaron el escudo, cambiando hacia la izquierda la dirección hacia la cual se corre el caballo. Le cambiaron el nombre a todos los ministerios, anteponiéndole el calificativo de "Poder Popular" a la usanza de los más recalcitrantes gobiernos comunistas. Pretenden incluso cambiarle el nombre a Caracas, denominándola "Cuna de Bolívar y Reina de Guaraira Repano". Asimismo, en la reforma constitucional rechazada, pretendieron calificar a nuestra Fuerza Armada como "Popular y Antiimperialista", agregándole además un nuevo cuerpo -la milicia- e implantaron de manera ilegal el lema de "Patria, socialismo o muerte". Cambiaron el uso horario y ahora cambiarán el signo monetario. La lista de cambios absurdos resulta interminable.

No se trata de cambios inocentes. Se trata del empeño culpable de borrar los puntos de referencia histórica y de transformarnos en un país socialista, aun en contra de la voluntad expresa de los ciudadanos. Sólo uno de cada cuatro venezolanos votó a favor del SÍ; sin embargo, el oficialismo claramente ha manifestado su intención de buscar cualquier vía para imponer el socialismo, quiéranlo o no los ciudadanos.