08 julio 2007

Tiempo de Palabra 08JUL07

La Wehrmatch

Tal era el nombre de la máquina de guerra de Adolfo Hitler. Con este instrumento obtuvo de sus más importantes victorias entre 1939 y 1941. Dos años en los que se convirtió, junto con las SS, en el dispositivo de terror que asoló a Europa. Los generales y almirantes se plegaron al proyecto nacionalista y socialista del Führer, sólo para terminar enjuiciados en Núremberg y muchos de ellos colgados. Las victorias hitlerianas que iban a establecer el imperio del milenio, en 1945 terminaron ahogadas en cianuro o con el auxilio de las piadosas pistolas Luger. Es interesante analizar cómo las fuerzas armadas alemanas de una republica débil, como la de Weimar, pudieron caer bajo el embrujo de un criminal como Hitler. En estas notas no se intenta identificar a Chávez con el asesino nazi ni a la FAN con aquella poderosa estructura militar alemana; la idea es ver cómo una institución puede ser objeto de una captura ideológica y política, si se deja.

El Liderazgo

Un hecho esencial del caudillo alemán es que construyó su liderazgo con un planteamiento profundamente mesiánico. No tenía buenos asesores como sí los tenían Churchill y Stalin. Hitler más bien cultivaba una cultura de solapas y de esponja, al absorber dichos comentarios y tesis esotéricas. Con frecuencia establecía paralelos entre él y Cristo y también con san Juan Bautista. Tenía como propósito establecer una "religión socialista" que completara la labor no finalizada de Jesús y se proponía purgar a Alemania de influencias corruptoras .

Esta autoasociación de Hitler con la religión lo colocaba en el lugar privilegiado de un elegido, cuya palabra era al mismo tiempo la de Dios y la del pueblo. Desde ese lugar se instalo en la idea de liberar al mundo de las ratas y piojos subhumanos, que incluían judíos, bolcheviques y no arios en general. Con esa posición de absoluta y -presumiblemente- eterna seguridad, desarrolló una ofensiva permanente contra la no-gente que pululaba en Europa y en la Rusia Soviética; los gobiernos tendían a retroceder frente a un líder que siempre estaba en la ofensiva táctica, con la intimidación a flor de labios y en la punta del fusil.

En este marco, las ideas de orden eran "guerra sin generales", "si no se tienen órdenes, ataquen", "dispara y maniobra". En algunos estudios sobre la acción militar nazi se advierte cómo uno de sus mecanismos predilectos era actuar caóticamente, a través de penetraciones rápidas, difusas y profundas con los tanques, blindados de todo tipo, motocicletas, con ruido de sirenas montadas en los aviones Stuka, lanzadas todos en olas sucesivas. No había un plan ordenado sino un inmenso desorden que, dado el éxito inicial, pretendía ser presentado como un sabio plan anidado en la mollera del Jefe. Más adelante, en 1942, la guerra tendió a la guerra de posiciones más clásica: lo que marcaría el comienzo del fin.

Mientras Hitler obtenía victorias mediante una combinación de su audacia y de las políticas suicidas de apaciguamiento de Occidente y de la URSS, su aproximación a los ciudadanos fue mediante la seducción con su proyecto político; cuando las dificultades comenzaron, se pasó a la intimidación. El punto de quiebre lo marcó un discurso de Goebbels en el Palacio de los Deportes, en el cual transitó hacia la clara amenaza, comenzaron a cerrar teatros y la ópera, como señal de que se entraba en la "Guerra Total".

Hitler saltó de la utilización del Estado a su destrucción, de tal manera que transcurrido el tiempo, se le hizo, también a él, inútil. Empleaba magistralmente el poner a pelear unos contra otros, para que ninguna de sus facciones internas pudiera levantar cabeza y desafiarlo. En ese desorden, siempre hubo la tendencia de exculparlo; el comentario era "si el Fuhrer supiera¿", para evidenciar que las cosas andaban mal porque el jefe no estaba enterado.

De las armas que mejor empleó Hitler, especialmente a través de las SS, fue la del espionaje y la tortura. Le fascinaba todo tipo de adminículos para escuchas telefónicas, encriptamiento de datos, mecanismos de procesamiento de datos.

La Ideología

El nacional-socialismo provocó varias catástrofes dentro de las filas militares. Una fue que se dedicó a la indoctrinación de los generales y altos mandos para que asumieran su ideología, lo cual dejó en buena medida el desarrollo de la guerra concreta a los mandos medios y bajos. Los de arriba se alejaron de los de abajo. Hitler procuró un intenso programa de "nazificacion" de los militares, para que absorbieran los criterios, las ideas y los valores de su movimiento. Una inmensa cantidad de generales se plegó a transitar este camino con un argumento que durante mucho tiempo fue imbatible: el Führer había sido electo por el pueblo. Tesis que no dudaron en utilizar en su defensa, aunque infructuosamente, en los juicios de Núremberg.

Con esa visión, los altos mandos vieron con simpatía cómo Alemania se salía de la Liga de las Naciones y contemplaban con admiración la forma en la que se prepararon los Juegos Olímpicos de 1936 para mayor gloria del Führer. En ese estado de compenetración con los nazis, el ministro de la Defensa, Blomberg, requirió ese mismo año que en las escuelas de guerra se incluyeran los contenidos nacional-socialistas y, al año siguiente giró un instructivo para que se trabajara en imbuir a las tropas de las "bases espirituales" del régimen. La visión nazi se convirtió en la base del Estado alemán y de sus fuerzas armadas, lo que permitió una circulación de personal entre el partido y la institución militar.

A pesar de esta compenetración, muchas veces Hitler desconfiaba de los criterios de los militares a los que juzgaba faltos de carácter cuando no se plegaban a sus planes; por esta razón, trataba de relacionarse directamente con los mandos subalternos, sin seguir las líneas formales de mando. Hacia el final, buscaba fortalecer la moral de sus militares asegurándoles que estaban en una lucha colosal ("el mundo esta contra nosotros") y la guerra se sostuvo en la indoctrinación nazi que acabó con los criterios de prudencia por lo que, a partir de cierto momento, era sólo suicidio.

Reflexión

En ese caso se plantea el tema de la obediencia debida. Los militares nazis, así como los argentinos y chilenos de los 70 y 80, entre otros, usaron ese argumento para escapar de la justicia nacional e internacional, pero sin éxito. La obediencia es válida en un contexto constitucional y legal que tiene que estar claro para el oficial. Por otra parte, la nazificación mostró que era posible construir un sector minoritario fanatizado, pero que no podía convertir a los oficiales y soldados en garantes de la victoria; al contrario, los obnubilaba de tal forma que, en cierto momento, no tuvieron mecanismos para detener su propia destrucción.

Carlos Blanco
El Universal
carlosblancog@cantv.net

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