04 septiembre 2007

Venezuela ante el fin de la era republicana

Las nuevas reformas constitucionales presentadas por el presidente Hugo Chávez y ya aprobadas el pasado jueves en primera discusión por la Asamblea Nacional, podrían significar el fin del orden republicano en Venezuela como se conoce desde 1811.

¿Dará eso paso al surgimiento de Chavezuela, Chavezburgo o Chavezlandia?

Según expertos, incluidos ex compañeros militares y ex aliados políticos que conspiraron con el mandatario venezolano y ahora son sus críticos, la propuesta de modificación de la constitución venezolana está dirigida a propiciar la mayor acumulación de poder en un solo hombre desde principios del siglo pasado, cuando tuvo lugar la dictadura más longeva de Venezuela, mantenida durante 28 años por el caudillo Juan Vicente Gómez.

La reforma de 33 artículos --una mezcolanza de ideologías inspiradas en el marxismo-leninismo, el pensamiento de Simón Bolívar y la teología de la liberación-- contiene elementos fundamentales del modelo constitucional y político cubano, y ha incorporado las experiencias socialista-comunistas de la extinta Unión Soviética, Nicaragua y Bielorrusia, estiman los analistas.

''Chávez quiere asumir el poder constituyente originario y el poder constituido. El quiere ser el (pueblo) soberano'', y ''esto es muy grave'', aseguró el comandante Joel Acosta Chirinos, el fundador del movimiento bolivariano y coprotagonista del fallido golpe de estado de febrero de 1992 que catapultó a Chávez a la cárcel y a la popularidad.

''¿Cómo es posible que una Constitución a la cual no se le ha dado vida, ni se ha aplicado, porque la han violado constantemente, haya que modificarla?'', cuestionó el comandante en una reciente entrevista televisiva en la que llamó a dar ''la batalla'' contra la reforma chavista.

Recientemente, el presidente Chávez ya había advertido sobre los ataques a su propuesta de reforma. ''Ya empezó la conspiración, ya comenzaron a circular y a llegar mensajes a los cuarteles, y van a insistir. Detrás de esto está la mano de la CIA, del imperio'', declaró en la última edición de su programa Aló, Presidente.

El jefe de estado defendió su propuesta explicando que cada uno de los venezolanos que votaron por él en las elecciones de diciembre pasado, ``votó por el socialismo, porque yo lancé la propuesta socialista''.

Pero al igual que Acosta Chirinos, otros ex aliados del chavismo están exhortando a rechazar las propuestas del mandatario bolivariano para proteger las libertades democráticas de la Constitución de 1999 que Chávez quiere cambiar.

''Esto no se lo va a calar la sociedad democrática'', indicó el diputado Ismael García, el líder principal del partido Podemos, que apoyó a Chávez hasta principios de este año.

''¿Cuál es el apuro y la desesperación?'', se preguntó García, aludiendo a la rapidez con que la Asamblea Nacional dio su aprobación inicial al paquete de reformas.

De acuerdo con Hermann Escarrá, un prestigioso académico y constitucionalista venezolano, la reforma chavista es un ''golpe de estado presidencial'' a la Constitución vigente, en la que ''desaparece la noción de persona y toda la estructura del estado democrático'' como se conocía hasta ahora.

Chávez ''anula la autoridad de la Constitución y el sistema de garantías ciudadanas, y produce una ruptura de la República en lo que respecta a la alternabilidad y la pluralidad'', detalló Escarrá en una entrevista.

El jurista dijo que las nuevas reformas buscan entronizar a perpetuidad al mandatario, y darle el poder de elegir las autoridades locales, manejar a discreción las reservas monetarias del país, y ejercer un poder prácticamente ilimitado que le permite intervenir en cualquier aspecto de la vida de la nación como si se tratara de su feudo personal.

Para Escarrá, ``los modos de propiedad, la organización en el nivel local y el poder popular son copias de la Constitución cubana''.

De hecho, las similitudes de la reforma chavista con el modelo cubano abarcan aspectos fundamentales.

''La reforma constitucional resulta una variante musical de la Constitución cubana de 1976, reformada en 1992'', definió Asdrúbal Aguiar, un jurista venezolano de oposición y profesor visitante de la Universidad de Buenos Aires.

Aguiar indicó que Chávez había consultado las reformas con ``Fidel Castro, con Alexander Lukashenko, el dictador de Bielorrusia, y con Daniel Ortega''.

El modelo de milicias de tropas territoriales incluido en el proyecto de reforma, ''es una copia exacta de lo que maneja Fidel Castro en Cuba [desde 1981]'', afirmó el capitán Carlos Guyón, el ex presidente de la Comisión de Defensa del extinto congreso venezolano.

Para el jurista cubano Arnaldo Fernández Díaz, un ex académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, las analogías entre la reforma chavista y el modelo constitucional cubano van más allá de las coincidencias.

Estas son algunas de las ''analogías'' entre ambos procesos, según Fernández Díaz:

En 1992, Castro modificó sustancialmente la Constitución [de 1976], pero no siguió la propia norma constitucional de reforma, que exigía referendo popular. Por su parte, Chávez pidió la reforma de 33 artículos para no tener que convocar una nueva Asamblea Constituyente y lograr que las enmiendas sean aprobadas por la Asamblea Nacional, controlada por el chavismo.

La Asamblea Nacional venezolana concentra de facto los poderes legislativo y constituyente, mientras que en el caso de la Asamblea Nacional cubana, los poderes se ostentan por ley.

Mientras la reforma chavista plantea la doctrina socialista y bolivariana como la ideología oficial, la Constitución cubana proclama al partido comunista, martiano y marxista-leninista como ``la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado''.

Chávez plantea que la reforma permitirá más poder para el pueblo a través de su liderazgo; la Constitución castrista refrenda que ''la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado'', y que la Asamblea Nacional ``representa y expresa la voluntad soberana de todo el pueblo''.

De esta forma ``se erige el poder único en contraposición a la clásica tripartición de poderes''.

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