05 octubre 2007

La esperanza no es un método

Hace unos años leí un libro titulado "La Esperanza no es un Método", donde la moraleja que ofrecían los autores era, más o menos, que si queríamos algo, debíamos trabajar por ese algo. El esperar que las cosas pasen no es suficiente. El esperar que ocurra un milagro no es suficiente.

Un profesor nos contaba en estos días acerca de un señor que todos los días le rezaba a Dios pidiéndole sacarse la lotería. Fervientemente y diariamente el señor lo hacía, hasta que murió. Cuando sube al cielo y se encuentra con Dios frente a frente, le recrimina que nunca le hizo caso a sus ruegos. A lo que Dios le responde: "¿Y cómo te iba a ayudar a sacarte la lotería si nunca compraste un solo boleto?"

Y también nos contaba el profesor, que si queríamos pasar su materia, teníamos que estudiar. Que no bastaba rezar ni hacer penitencias. Sería una versión de "A Dios rogando y con el mazo dando."

Así estamos en Venezuela. En el país de la comodidad y del facilismo. Donde espero que otro se sacrifique por mi. Donde espero que otro haga algo por el país. Donde debo cuidar mi trabajo, porque parece que acá los trabajos tienen nombre y apellido y nos fue asignado ese y sólo ese trabajo, y no podemos cambiar ni de oficio ni de trabajo. Donde espero que otros marchen, mientras yo los veo por Globovisión. Donde me gustaría que alguien encendiera la calle, y llegaran hasta Miraflores, pero yo los leería por la prensa.

¿En qué momento caímos en la inercia? ¿Por qué ese conformismo?

Vamos a ver qué más hará falta para que la gente despierte. El no encontrar leche en los mercados quizás hubiese podido despertar a gente en países más desarrollados. El caso del maletín hubiese despertado a la gente en países más desarrollados. La ideologización y el cambio del Curriculum también hubiese despertado a la gente en otros países. ¿Y entonces que falta acá en Venezuela? ¿Es que todos estamos signados por el Bozal de Arepa?

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