02 febrero 2008

Hasta el 2031

La imagen de miles de personas agolpadas en el estadio de San Antonio del Táchira para adquirir alimentos de la cesta básica, comienza a ser natural para los venezolanos. La escena se podría reproducir en breve en otras ciudades importantes aledañas a Colombia y no sería de extrañar que pronto también en la capital.

Algunos voceros del Gobierno expresaron que después de las elecciones aparecería la leche y otros productos desaparecidos, ya que la escasez se debía al saboteo de los empresarios para promover el rechazo a la reforma. Pero los profetas del desastre económico, con acierto señalaron que el desabastecimiento se profundizaría en 2008 ya que la causa de ello son las erradas políticas de controles que están ahogando la economía del país.

Detrás de estas masivas colas que hoy vemos, aparecerá la inevitable tarjeta de racionamiento, a la usanza de Cuba. De esta manera, la rechazada reforma constitucional que invocaba al modelo fidelista, se está estableciendo en la sociedad venezolana por la vía de los hechos.

El cierre de RCTV, el aumento de los controles en Cadivi, el control de precios, el nuevo impuesto bancario, la migración de fondos de la banca privada a la pública, la inoperancia de las empresas de producción socialista, y la política de enfrentamiento con Colombia, en el contexto de un apoyo implícito a las FARC, son algunos de los eventos que han colocado el respaldo al Gobierno y al Presidente en apenas 21%.

Es la caída más dramática que ha sufrido el presidente Chávez en 8 años de gestión.

Habría que comenzar por ejemplo por el apoyo del que gozaba de la colonia colombiana radicada en el país, a quienes decomisan alimentos y mercancías personales en su tránsito por la frontera común. Al mismo tiempo les han aumentado hasta lo imposible las exigencias legales para poder gozar del beneficio de los dólares de Cadivi y con ello enviar a sus familiares parte de los pocos ingresos que obtienen en Venezuela.

En las barriadas el desabastecimiento es mayor y los operativos de Mercal y PDVAL apenas son un paliativo ante la dimensión de la demanda. Allí el apoyo al Gobierno se ha reducido a los operadores políticos y a las bandas armadas que operan en los barrios.

El delirio gubernamental y la prepotencia del poder parece que impiden ver lo que ocurre y los pocos especialistas en materia económica, si es que los hay en el Gobierno, parecen no atreverse a mostrarle al Presidente la verdad de los efectos de esa política.

El excesivo presidencialismo que no escucha a su entorno, ha generado que cada error político o económico, diseñado desde Miraflores se trate de remediar con otro más grave aún.

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