08 octubre 2008

¡Crash!

El fantasma de una recesión ronda por el mundo. Ciertamente, el capitalismo atravesará por una de sus periódicas fases de depuración. Considero que al final saldrá robustecido con regulaciones que sin destruir los principios fundamentales de donde emana su fortaleza, le añadirán otros valores que lo vigorizarán en el campo de la ética.

Mucho me temo que quienes difícilmente lograrán superar la crisis que se avecina son algunas posiciones basadas en un populismo estridente y en ingresos nunca antes imaginados derivados del aumento en el precio del petróleo.

Entre el 2003 y el 2006, la economía del mundo entero experimentó tasas sin precedente de crecimiento sostenido, superando cada año el 4,5%. Muchas empresas norteamericanas vinculadas al sector financiero y al sector inmobiliario creyeron que el cielo era el límite. En agosto del 2007 despertaron en medio de la pesadilla de la crisis de los créditos "subprime", que terminó por contaminar a las bolsas de todo el mundo. En el 2008 vino el crujir de dientes.

Sin embargo, mientras duró la parranda, el acelerado crecimiento económico global que se estaba produciendo se tradujo en un aumento desmesurado en la demanda y en los precios del petróleo, a lo cual vino a sumarse la especulación con las compras a futuro del producto. Venezuela dispuso en consecuencia de enormes ingresos, a pesar de que su producción petrolera estaba disminuyendo.

Mientras tanto, el inflado ego y la poca comprensión de los fenómenos económicos que caracterizan a nuestro líder, lo hicieron creer que era un ser predestinado y que el aumento de los precios del petróleo era obra de su "refinada diplomacia y su hábil política petrolera". Creyó también que tenía derecho a manejar esos recursos a su leal saber y entender. Pretendió imponer un nuevo sistema al cual bautizó como "socialismo del siglo XXI". Convencido además de que las fronteras de Venezuela eran poca cosa para la aplicación de tan genial idea, optó por extenderla a toda Latinoamérica, cuyos países vieron fluir los recursos provenientes del ingreso petrolero venezolano, eso sí, acompañados de un aguijón ideológicamente emponzoñado. Cuba, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Argentina y varias naciones de Suramérica, Centroamérica y el Caribe cayeron rendidamente enamorados ante la generosa chequera del galán petrolero.

Nos anuncia ahora el líder de la revolución que se acerca la muerte del capitalismo, pero que Venezuela no se verá afectada por la crisis global. ¡Qué equivocado está! Venezuela es hoy en día más que nunca dependiente del petróleo y el petróleo es el producto más globalizado que hay en el mundo. Si en algo se traducirá la desaceleración de la economía de los EEUU que predice el Fondo Monetario Internacional, es precisamente en una disminución en la demanda de petróleo. Desde luego, una recesión en EEUU afectará sin duda al resto del mundo, lo cual se traduce en peores noticias para el petróleo.

Creo que es interesante revisar la magnitud de la crisis financiera planteada. En una inusual intervención, el presidente Bush, el Presidente del FED y el Secretario del Tesoro, anunciaron conjuntamente la urgencia de aplicar un plan capaz de impedir que el mundo se hunda en un crash similar al de 1929. Después de varias modificaciones, la propuesta fue aprobada por la Cámara del Senado y vemos a los dos candidatos, Obama y McCain, pidiéndole a la Cámara de Representantes que la apruebe. La magnitud de los recursos que se estima se van a requerir para salvar al capitalismo es del orden de los 700.000 millones de dólares.

Poca cosa, si lo comparamos con los recursos de que ha dispuesto el presidente Chávez, quien durante su mandato ha dilapidado cerca de 812.000 millones de dólares.

Pero ahora las cosas están cambiando. Desde mediados de julio los precios del petróleo cayeron desde $147,30 por barril hasta unos 92 dólares en el momento de escribir estas líneas. Mucho me temo que los veremos desplomarse por debajo de los 70 dólares. Tristemente eso sólo augura inflación, escasez, devaluación, desempleo y sufrimiento. Para empeorar las cosas, el aparato productivo venezolano está tan golpeado que ya no somos capaces de producir lo que consumimos. El problema es que no vamos a contar con los dólares para importarlos.

En Venezuela habremos desaprovechado, una vez más, una oportunidad de oro. El "socialismo del siglo XXI" y su líder sólo serán recordados como una pesadilla. Dios quiera que al menos hayamos sido capaces de aprender una lección.

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