10 noviembre 2008

Mala impresión

El 24 de noviembre nadie querrá estar en la piel de aquellos que se negaron a retirar sus candidaturas y que a consecuencia de su ego, su terquedad o algún otro juego perverso permitieron que en esas jurisdicciones ganaran los representantes del oficialismo.

Y es que no estamos hablando de los llamados "malos ejemplos" en alcaldías en las que hay más de una opción opositora pero que al final de cuentas, en la más estricta visión pragmática, no representan ningún peligro de pérdida de terreno ante la voracidad oficialista. Esos casos son dignos de una "plana" en la que los candidatos escriban 130 veces: "eso no se hace", "eso no se hace", "eso no se hace", pero al final de la historia, el próximo 23, alguno de ellos resultará triunfador y, al cabo de unos días, eso ya no será tema de conversación.

No así aquellos personajes que se negaron a pesar de los números, a pesar de los ruegos, a pesar de toda racionalidad posible a apoyar a los que estaban punteando las opciones de triunfo y que necesitaban de "esa otra parte" del electorado para colocarse "por encima" de sus contrincantes chavistas.

¿Cómo se despertarán esos seres a sabiendas que por su culpa, por su culpa, por su "grandísima culpa" durante los próximos años esa gobernación, o esa alcaldía, será "tomada" por quienes comparten una visión autoritaria del poder y le pondrán la mesa a quien, paradójicamente, quiere acabar con las descentralización. ¿Se podrán ver al espejo cuando comiencen a darse los resultados y esa parte del mapa se tiña de rojo? Porque es cierto, la democracia es pluralidad, diversidad de opciones, comparación de proyectos, pero el asunto es que no estamos en un "sistema normal", sino "excesivamente a normal" (los excesos y las injusticias son lo cotidiano) y ante esa realidad cualquier espacio que se logre preservar y donde se pueda trabajar para el bien común es una "obligación" conquistarlo a punta de votos y mantenerlo a través de una buena gestión.

El "maestro" José Ignacio Cabrujas escribió una vez un artículo en el que mencionaba uno de los tantos casos oscuros bajo los auspicios de un ex presidente de la cuarta y se refería a ese personaje bajo los términos de: "lo acuso de mala impresión". Bueno, le tomamos prestada la expresión a quien fuera uno de los más preclaros pensadores y escritores de la Venezuela contemporánea, porque esos ciudadanos que no se dan cuenta del "peligro histórico" que estamos enfrentando o que, a sabiendas, optan por ayudar a dividir al electorado, dan una pésima impresión y lo mínimo que levantan son "sospechas".

Aún hay tiempo para que revisen su posición y se pongan a la altura de las circunstancias. La gente sabe quienes son y después no habrá excusa posible ni creíble.

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