13 enero 2010

Política de destrucción

La actual crisis energética en Venezuela es el resultado directo de la política de destrucción puesta en marcha hace una década.

El negocio petrolero se destruyó cuando 20.000 de sus más avezados trabajadores fueron despedidos por motivos políticos en 2002, lo que produjo la caída de la producción de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) a un tercio de lo que debería ser hoy día. El negocio hidroeléctrico se destruyó cuando por motivos políticos dejaron de construirse plantas que hubieran generado 9.000 megavatios de energía, lo que llevó a la escasez actual. Ni siquiera se consideró la posibilidad de desarrollar la energía solar que erradicaría la pobreza y contribuiría a una economía sostenible, porque el hecho de atrapar a la mayoría de los venezolanos en la miseria y hacerlos dependientes del Estado los controla políticamente, lo que constituye el objetivo fundamental.

De la pobreza a la prosperidad, el nuevo libro de los economistas Arnold Kling y Nick Schulz, explica lo que sucede. Aliados estratégicos como Rusia, Siria, Irán, Corea del Norte, Belarús, Zimbabwe, Cuba y Venezuela aplican una estrategia política que destruye sus activos nacionales para la generación de riqueza. Todos creen que la economía es un juego suma cero, de ganar-perder que debe evitarse a toda costa.

En consecuencia, se han salido del sistema mundial de generación de riqueza y están devastados. Por el contrario, China, India y Brasil han adoptado la globalización en una propuesta de ganar-ganar, lo que ha llevado a marcas mundiales de crecimiento económico, reducción de la pobreza y un panorama optimista.

Parte del problema Añádase a la tragedia el hecho de que la oposición venezolana forma parte del problema. Acobardada por el poder estatal o ignorante de la solución obvia para Venezuela, no ha presentado ninguna alternativa. Así, más de la mitad de los electores pertenecen al desesperado grupo de los ni-ni.

En la década del 60, Venezuela se perfilaba como la primera nación latinoamericana en unirse a las ricas democracias de mercado. Hoy, está lista para convertirse en el Estado fallido más rico de la Tierra. Tendrá que sufrir las consecuencias.

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