09 julio 2010

No hay peor ciego... que un venezolano

Caído Esteban, que de todas caerá, algún día, el primer trabajo de reconstrucción no es político o económico. Cabe contratar antes el estudio de lo que somos los venezolanos, pues hemos de madurar como nación y purgarnos de espejismos destructores, como el actual.

A propósito de cuanto nos ocurre - cuya mejor síntesis es la última cadena del innombrable- una parte del país por lo visto no se siente aludida. Se dice para sí que el problema lo tienen Zuloaga, Mezerhane o sus familias y colaboradores.

Esa parte o especie, además, se reafirma en su credo al constatar que no tiene cuentas en el Banco Federal o en todo caso no ve Globovisión o acaso lo que le cabe es disfrutarla antes de que la cierren. Luego se verá, pero más luego.

Otra parte, exquisita pero miope intelectualmente, se pregunta a diario sobre la oposición y porqué no tiene una oferta política alternativa que la convenza y la decida a darle su voto. Y ante el desafío de Esteban, quien afirma que la oposición sostiene ser mayoría pero no se atreve a pedirle la revocatoria de su mandato y apenas se ocupa de las elecciones del 26 de septiembre, tal especie, no lo dudo, le otorga seriedad al argumento presidencial.

Explicado lo anterior coloquialmente, los venezolanos somos tan particulares, por decir lo menos, que montados sobre un avión cuyos motores se incendian y cae al océano optamos reclamar del piloto nos sirva un trago. O, en otra imagen que tanto machaco y algunos me piden no repetirla, es el caso del manoseado "indulto" de Caldera al innombrable. El Juan Bimba que somos, por falto de criterio propio y ayuno de espíritu, se pregunta aún porqué el nonagenario y fallecido gobernante no nos cortó las manos y nos prohibió sufragar por el innombrable en las elecciones de 1998. ¡Aclaro que yo no lo hice, por llevar la contraria!

Todo el cuento viene a propósito de lo esencial. El PSUV, que preside Esteban, aprueba en abril su Declaración de Principios y exalta, como le es costumbre, los ominosos hechos de sangre ocurridos en 1989 y 1992. Sostiene que éste vino a rescatar nuestra identidad. Y al efecto, sin ambages, declara que el partido -de suyo quien hoy nos manda- es anticapitalista, antiimperialista, y "marxista". Algo inédito que debe llenarnos de orgullo, según Esteban y los suyos, puesto que ningún partido comunista en el mundo, ni siquiera el cubano, se confiesa como tal. Prefieren llamarse socialistas, donde todos caben, desde el criminal Castro hasta Mitterrand, que en paz descanse.

Somos los venezolanos un proyecto marxista, en suma. Pero no lo creemos por creer que quien lo cree es otro, Esteban. O es posible que su palabra no nos cause escozor por majadera y antihistórica: el Muro de Berlín cae en 1989. Aún así Esteban y los "psuvistas" insisten, destruyen, y dejan en blanco y negro lo que el marxismo significa, como para que nadie tenga dudas.

En las Bases Programáticas aprobadas junto a la Declaración, se lee que el propósito es "derrocar el viejo régimen no sólo en los hechos sino también en las ideas, las costumbres y los valores". Y Esteban, por dueño del PSUV, se inspira para ello en el Ché Guevara, símbolo de nuestra nueva identidad, y para señalar que "no es posible construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo".

No pocos pensarán que se trata de palabrería vacua y de ocasión, como para darle mayor importancia. Pero el hecho es que a renglón seguido, para aclarar y aclararse, las Bases referidas precisan que marxismo es y será para Venezuela, quiéralo o no, igual a "eliminación de la propiedad privada monopólica nacional y extranjera sobre los medios de producción, especialmente los esenciales" y "promoción- únicamente- de la propiedad privada no monopólica con función social".

Dirán no pocos, todavía, ¡menos mal que se nos salva el carro o el apartamento!, pues aquél nos lleva al trabajo y en éste se encuentra nuestra familia, expresiones indiscutibles de lo social. Y en cuanto al dominante, que según Esteban es la "promoción de la propiedad comunal, [como] forma de propiedad colectiva que sólo puede usufructuarse en comunidad", eso es problema de las comunas y no de nosotros, afirmarán quienes creen que Esteban y su proyecto es para los otros. Así de simple.

Por el camino que vamos -por obra de nuestro ciego egoísmo- lo nuestro, radios, televisores, casas, vestidos, mujeres, maridos, y hasta hijos, es de todos, ahora y en lo adelante. Como dice el eslogan: "Ahora Venezuela es de todos". ¡Vivan entonces el comunismo y San Esteban!

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