04 agosto 2010

¿Por qué Venezuela no sale de Chávez?

Es la pregunta de las sesenta mil lochas. Una gestión caracterizada por una gigantesca corruptela que abarca todos los ámbitos del Estado, con la muestra de incapacidad de mayor octanaje en los últimos cien años. Recibe sin embargo, el respaldo nada despreciable de algunos segmentos de la población venezolana. ¿Por qué Hugo Chávez mantiene un buen nivel de aceptación, siendo un funcionario tan incapaz y mediocre? La realidad la marca la adoración que tienen los pueblos latinoamericanos por los embaucadores. Funcionan como superhéroes que luchan contra los malévolos centros de poder, responsabilizándolos de sus propias frustraciones y dolores ulteriores. Culpar a otros, ayuda a evadir responsabilidades; el demagogo sabe colocar el dedo en la llaga. El pus subyacente es el bálsamo que construye su permanencia. El discurso del líder nacionalista, frente al supuesto agresor externo, es un arma de formidable resonancia en materia de adhesiones permanentes. Las graves carencias y múltiples problemas políticos y económicos, son endosados a las triquiñuelas que se forjan en el cerebro del imperio. Por ello, sale bien librado de muchos inconvenientes derivados por su incapacidad. Acabar con el encantamiento que produce la demagogia es muy difícil. Ya que trabaja como un veneno que alimenta al señuelo de la ilusión. Hasta el peor de los menesterosos prefiere una buena mentira para vivir. Si a eso le sumamos el clientelismo y la manutención con el dinero del Estado, el crucigrama está resuelto. El charlatán no construye soluciones, mantiene con el dinero del gobierno a miles que prefieren la dadiva que trabajar por salir de abajo. Él se convierte en el papá regalón que resuelve las necesidades. Atrae con el regazo de la mentira, mientras fortalece su imagen como depositario de su destino.

Venezuela vive con ese cataclismo. Hugo Chávez es la peor expresión de un funcionario en el gobierno. Un régimen tramposo, corrompido y manipulador; devenido en una pesadilla que destroza nuestro futuro. En once años solo puede exhibir cifras en rojo. El secuestro de las instituciones y la puesta en marcha de un mecanismo de vulneración de las libertades públicas y la propiedad privada, lo hacen una administración que no fríe en el aceite del infierno. Sus características fundamentales son el atraco de los dineros del Estado, no existe gobierno alguno con mayores signos de corrupción. Los zamuros revolotean en búsqueda del nuevo pedido de pudreval. Esa podredumbre es la marca de fábrica de un chavismo ruin.

¿Cómo es posible que Hugo Chávez tenga respaldo? Nos acostumbramos a la desesperanza. Un importante sector de venezolanos parece bajar los brazos, su corazón de guerreros quiere ocultar sus armas democráticas en la insuficiencia de agallas para vencer la oscurana. Hace falta un mensaje que se conecte con el pueblo. Sin tantos vericuetos politiqueros. Ir más allá de lo electoral, que el liderazgo tenga profundidad y firmeza para mostrar la diferencia. Buscar los liderazgos en las universidades, barrios y organizaciones civiles. Construir desde abajo y no dé tanta rueda de prensa inútil.

Ya es hora de convencernos que es posible derrotar a Hugo Chávez. Desenmascarar al sujeto que destruyó la esperanza de millones, es una tarea para todo aquel que defiende los valores de la libertad.

Hay que persuadir a los incautos. Esos ciudadanos que entregaron su voluntad por migajas que saltan de la mesa de los traficantes de la mentira, requieren de un nuevo camino hacia un destino mejor.

Venezuela, saldrá de esta pesadilla. Al final la democracia siempre termina acabando con el totalitarismo.

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