08 octubre 2010

Necesitamos solo dos partidos políticos

Los mercados maduros tienden a contar con dos grandes competidores, acompañados en algunos casos por participantes pequeños y débiles que están en permanente lucha por su supervivencia. Al Ries principal desarrollador junto a Jack Trout del posicionamiento afirma que esto ocurre también en política, sector cuyas estrategias se dirigen a la venta de personas e ideas.

Las democracias maduras tienden a contar con dos partidos fuertes que en algunos casos conviven con algún pequeño partido que sirve de bisagra en temas específicos y que normalmente están relacionados con cuestiones ambientales o con posiciones más acentuadas a las sostenidas por alguno de los dos grandes partidos, ya sean de derecha o de izquierda.

Ries y Trout demostraron que ordenamos en la mente a los productos, empresas, personas, hechos y a los partidos políticos en una especie de escalera. Es frecuente que en muchos casos se recuerde sólo a aquel que está en el primer peldaño. Nos es fácil recordar el nombre de la montaña más alta del mundo o del primer aviador que cruzó el Atlántico. Pero menos sencillo es conocer al segundo de la lista. Recordar al tercero y al cuarto es ya una proeza.

Es casi imposible diferenciar y retener las propuestas y programas de más de dos partidos políticos. Basta observar lo que ocurre en las democracias más sólidas del mundo entre ellas la inglesa, francesa, alemán o norteamericana. Dos partidos fuertes con ideas diferenciadas y orientados a la derecha o a la izquierda, términos que surgieron de un hecho tan irrelevante como la posición de las respectivas bancadas en el parlamento inglés.

La derecha relacionada con mayor libertad económica, con mayores exigencias de responsabilidad individual, con un menor poder del Estado y con valores tradicionales y conservadores. La izquierda movilizada por alcanzar mayores cuotas de coberturas sociales, inclinada a un mayor grado de intervención del Estado en la economía y en la sociedad y vinculada a la adopción de ideas rompedoras en relación a la organización social, llamadas también progresistas.

Los cambios del panorama mundial de los últimos 25 años y el aprendizaje obtenido al ser puestas a pruebas ideologías económicas y políticas extremas, esto a un enorme costo humano, han demostrado que solo posiciones centrales y nada radicales pueden lograr el bienestar de la sociedad. La experiencia ha forzado el acercamiento de las visiones modernas de izquierda y de derecha e incluso hoy podríamos decir que las diferencias entre estas llegan a limitarse solo a algunos flecos sobre temas económicos y sociales.

En Venezuela se requiere de un enorme esfuerzo y sacrificio para unificar a los partidos. Por un lado, todos aquellos que comparten un pensamiento asociado a las ideas de derecha. Por el otro, los partidos cuyos afiliados y simpatizantes se sienten más cercados a la ideas de izquierda. Estos últimos tienen ante sí un reto inmenso que consiste en atraer a los votantes del chavismo hacia un ideario que corresponda al de una izquierda moderna y moderada.

Ambos comparten el reto de organizarse democráticamente, lo cual implicará incrementar el poder de decisión de las bases y la indispensable reducción del número líderes. Ambos tienen el reto de agrupar en su seno a la gran mayoría de venezolanos y ambos están forzados a llevar al país a la creación de un clima de entendimiento y de acuerdos, dejando a un lado los radicalismos. Esto es solo posible con dos grandes partidos.

José Manuel Núñez Gorrín
El Universal
jmnunezgorrin@gmail.com
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