22 junio 2007

La politización de los goles

Cuando oigo a los analistas denunciar que el "rrrégimen" pretende malvadamente politizar algo tan puro y sacrosanto como lo es el deporte, no puedo evitar acordarme de la Navidad sin beisbol de 2002.

La temporada de pelota se interrumpió el 1 de diciembre -justo cuando Omar Vizquel se había uniformado de león- y ya no volvió a lanzarse bola alguna en el país, salvo los rumores que andaban de boca en boca.

Lo significativo es que entre quienes lograron semejante acercamiento al infierno estaban casi todos los que ahora temen que "el autócrata" use sus nueve mugrosos estadios -y su piche viaducto- para perversos propósitos políticos.

Ah, el cinismo, qué duda cabe, es un deporte muy extendido y en el actual ciclo olímpico en Venezuela lo practican muchos en calidad de amateurs y otros que con sobrados méritos han llegado a las ligas mayores.

De aquella experiencia me quedó el natural resentimiento contra cualquier patético ser que pretenda, desde la mampara del apoliticismo, hacerse pasar por un barón de Coubertin tropicalizado. Sospecho de entrada de cualquiera que se rasgue su franela Nike o su mono Adidas por la pureza del olimpismo. Para mí son oscuros maestros de la gambeta que bien merecen una patada allí, donde no les proteja la espinillera. Con esta gente no tiene sentido el fair play.

No hay que ser un Lázaro Candal para saber que si la construcción y puesta a punto de las instalaciones de la Copa América hubiese fracasado (es decir, si se hubiesen cumplido los pronósticos de los expertos de toda laya) la dirigencia antichavista estaría armando un calendario de festividades digno de campeonato mundial. "¡Qué hiciste, Papaíto del alma!", exclamarían noche y día en los programas más globovistos.

Como tal escándalo no ha sido posible, han derivado hacia el subtema de la malsana politización. Nadie debe extrañarse que acudan a denunciar tal fenómeno ante alguno de esos organismos internacionales de diseño que siempre sacan de la chistera. Y lo harán -vaya un buen regate- los mismos que politizan todo: los Caracas-Magallanes, los conciertos de Luis Miguel y hasta la conmovedora discapacidad de los niños con Síndrome de Down.

En una conocida página de hooligans políticos, encontramos una frase para la antología de la locura (y no precisamente la de los deporte): "Debemos realizar un gran esfuerzo para contactar a los corresponsales extranjeros que nos visitarán, llevar pancartas, pintarnos las manos de blanco, poner la bandera al revés, saltar a las canchas, hacer marchas dentro de los estadios, todo lo que esté a nuestro alcance para denunciar al régimen. ¡No podemos permitir que nos politicen el fútbol!".

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