04 agosto 2007

Democraticidio inminente

Cuando estas líneas se publiquen es posible que el Presidente, en uso de sus atribuciones, haya presentado a la Asamblea Nacional su proyecto de reforma constitucional.

Sea como fuere, la opinión de este columnista y la de buena parte del mundo académico, político, empresarial, etc., es de rechazo absoluto a todo el asunto lo cual no prejuzga -al menos hoy- acerca de la conveniencia o no de participar posteriormente en el referéndum popular que se convocará para completar el democraticidio con todas sus formalidades.

Parece una alucinación constatar que muchos de aquellos que nos opusimos frontalmente a la Constitución de 1999 que hoy nos rige, estemos en la posición de tener que defenderla y rechazar su reforma. Así será de grave lo que nos espera cuando los rasgos de autoritarismo que ya asomaban en el texto vigente lucen como aptos para ser defendidos. Cosas insólitas de la política que enseñan que en ese campo ninguna situación puede considerarse definitiva.

Afortunadamente ese democraticidio que se asoma por lo menos está sirviendo para convocar con receptividad a la unidad opositora que -aunque sea precaria- pareciera posible según se olfatea en el ambiente.

Es que hay cosas que son absolutamente claras y no negociables en el nombre de las mayorías. Así por ejemplo: si una mayoría votase por recortar derechos fundamentales del hombre y del ciudadano, ello sería absolutamente nulo. Yo no puedo ser fusilado ni mi dignidad atropellada porque una mayoría así lo resuelva. Democracia y Derechos Fundamentales son inherentes a la condición humana. Son derechos que no los otorga el Estado ni ningún poder constituyente sino Dios a todos sus hijos y por tal razón no pueden ser coartados ni aun por mayorías, circunstanciales o no. Por eso decimos que hay una batería de cosas cuya negociación debe ser opuesta a todo evento. Otras cosas, por debajo de esa categoría, pueden ser discutidas y las mayorías deben ser respetadas siempre que tal mayoría se constate con transparencia y no con "tramparencia".

Sabemos de la existencia de esfuerzos impulsados por grupos serios, honorables y solventes que están facilitando la labor de entendimiento entre los sectores democráticos. Esperamos que esta vez se entienda que en verdad se juega la patria ante la alternativa del socialismo no democrático o la muerte. Después podemos debatir y diferir sobre otros temas. Ahora la tarea es resistir sin descalificarnos entre nosotros como se ha acostumbrado.

Quien no quiera participar en esta lucha después no se queje ni eche culpas aquí o allá. Quien no asuma algún rol en esta cruzada vaya preparándose para ver qué le va a decir a sus hijos cuando tenga que justificar dictadura o exilio. Aquí no vale el argumento egoísta de "yo no me meto en política" o " por mí que hagan lo que quieran mientras a mí me dejen tranquilo con mi negocio o profesión". Así pensaron muchos en la hora crucial de Cuba y cuando quisieron darse cuenta se estaban preparando para montarse en una tripa de caucho para buscar la libertad en medio de los tiburones del estrecho de la Florida. ¡Después no digan!


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