09 agosto 2007

País al revés

Hace unos cuantos meses, para la fecha en que "escapó" el Ex Gobernador Lapi de la cárcel, escribí algo parecido, en "El País Bizarro".


En este país al revés, el prontuario es currículo, la trayectoria y el mérito son una carga. En este país al revés, ser saludable y exitoso por trabajo arduo es una vergüenza pero ser pervertido y tener el alma enferma es un orgullo. En este país al revés la excelencia y la nobleza son rasgos ridículos pero la mediocridad y la vileza se aplauden. En este país al revés ser honesto es ser idiota, ser ladrón es ser inteligente. En este país al revés, caminar hacia el progreso y la modernidad es ser un imperialista de la CIA, pero voltear rumbo al siglo XIX es ser revolucionario.

En este país al revés, atraer inversiones de todo el mundo para producir riqueza y generar empleo es una acción contrarrevolucionaria, en cambio cerrar las puertas a las oportunidades de riqueza es la norma exigida. En este país al revés los mandatarios son amos y los mandantes son esclavos. En este país al revés el Estado es rey y el ciudadano es vasallo. En este país al revés la empresa petrolera genera pérdidas cuando en el resto del mundo todas las demás generan ganancias históricas.

En este país al revés se felicita al corrupto y se le garantiza el cargo, pero al eficiente y digno se le condena al ostracismo. En este país al revés los contratos se violan, la palabra no vale nada y la confianza no existe, pero se sigue apoyando a los responsables. En este país al revés, muchos de los presos son gente honorable, pero la gran mayoría de los dirigentes están libres cuando son los que deberían estar presos. En este país al revés, se asesina y secuestra como quien toma agua, pero se compran submarinos y cohetes para combatir en guerras que no existen. En este país al revés tenemos mucho petróleo, hierro, carbón y bauxita, pero la gente se muere de hambre porque no hay educación, ni salud, ni vivienda ni empleo. A este país al revés hay que voltearlo.

Juan Carlos Sosa Azpúrua
El Universal
jcsa@post.harvard.edu

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