03 mayo 2008

El reino está en tinieblas

Territorio soberano. Patria grande socialista. País de ensueño revolucionario. Potencia antiimperialista. Mar de la felicidad anticapitalista. Tumba del neoliberalismo. O reino mágico descolonizado. Denomínelo como usted quiera, lector. La que algún día fuera una nación pujante, creciente, apreciada, respetada y reconocida en el mundo civilizado, fue transformada, infame e irracionalmente, por obra y gracia de la mentecatez y el resentimiento imperantes, en una insegura, desabastecida, destartalada, maloliente, paupérrima, inoperante, casi-casi terrorista y ahora oscura republiqueta bananera tercermundista.

Sí. El alquimista hizo el "milagro". El oro (negro) lo transformó en deterioro y caos. No le bastó con dilapidar su capital político. Hoy pocos lo siguen. Aún menos confían en él. También malgastó los recursos de la nación. Despilfarró la esperanza que abrigaban los excluidos para ser rescatados de la miseria. En casi 10 años de desafueros y revanchismo pulverizó más de 700 mil millones de dólares de renta petrolera.

¿En qué? Corrupción, antojos suntuarios, inflar la burocracia, gratificar la anarquía, remunerar lealtades, sostener la flojera, gratificar el gasto improductivo, financiar la competencia desleal del Estado en la economía para desplazar al sector privado, adquirir armas de guerra, patrocinar eventos y movimientos ideológicos radicales afines, regalar en el exterior, subvencionar campañas políticas de camaradas, maletinazos y pagar expropiaciones innecesarias de tierras y empresas que, en manos del Estado o de grupos afectos al régimen, terminan improductivas, colapsadas o quebradas.

El desenfrenado y discrecional gasto público no ha propiciado el desarrollo armónico ni sustentable. Tampoco mejoró apreciablemente las condiciones de vida de las mayorías desposeídas. Hoy la infraestructura está colapsada, los servicios básicos deteriorados y el sector productivo contraído. Con los servicios de protección y salvamento deficientes, el país es cada vez más vulnerable a las contingencias.

La desidia e improvisación son galopantes. No hay inversión ni mantenimiento oportuno. En algunos casos se destruye o sustituye lo existente. Se reemplaza el personal calificado con militantes rojo-rojitos. Se abandonó la formación y no se renuevan los equipos. Por otro lado, la prolongada congelación de tarifas termina por colapsar las empresas de servicios.

El reciente "apagón" nacional (no fue el primero) ilustra el deficiente funcionamiento de algunas empresas hoy regentadas por la revolución. Las "cogestionadas" ni siquiera han arrancado. Los informes sobre Pdvsa son también preocupantes. Igual los del Metro. Muchos presumen que pronto estas fallas se notarán también en otras empresas recientemente "nacionalizadas". ¿Colapsará Sidor?

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