31 agosto 2008

¿Estatización o comunismo marxista?

No siempre, pero sí con frecuencia, puede oírse a importantes analistas de oposición decir que todo esto que estamos viviendo -paquetazo en ristre, por supuesto- no es ¡para nada! una revolución, ni es tampoco el socialismo, el marxismo o el comunismo. Que se trata tan sólo de un proceso de estatización. Excesiva y aberrante, es cierto, pero sólo eso: estatización. A veces llegan, dichos analistas, hasta decir que esto se parece más bien a la Gran Venezuela de CAP en 1974; pero todo el énfasis lo ponen en destacar que "aquí no hay ninguna revolución", que es tan sólo una morisqueta, una payasada o peor, una fachada para encubrir la inmensa corrupción destinada a financiar -bien lejos de todo socialismo- al capitalismo chavista, a la famosa boliburguesía.

Pero a pesar de todo el énfasis que ponen al decir que "aquí no hay ninguna revolución", mucho mayor es ese énfasis cuando dicen que "aquí no hay ningún socialismo". Es como si nuestra ya lejana juventud nos obligara a defender estos términos. Aunque sólo sea eso: los términos, las dos palabritas. A lo largo de la vida descubrimos que las dos eran grandes mentiras, pero& aunque sea lingüísticamente, seamos fieles a los años mozos. Y aparece entonces el gran argumento: "esto no es socialismo, el socialismo exige que la sociedad se organice independientemente del Estado. Son las estructuras sociales de base, las comunas, las que tiene que construirlo. Pero en Venezuela, hasta las comunas las posee el Estado".

Son sin duda resonancias de la vieja escaramuza del siglo XX: "Lo que ha fracasado es el socialismo real, no el verdadero socialismo. De lo que se trata es de desarrollar este modelo de sociedad, no a partir del Estado, sino desde abajo, desde la gente misma". Sin intuir que, tal vez, la cosa pueda resultar mucho más grave: que no es que los comunistas o marxistas tengan ninguna preferencia por el Estado o la estatización, sino que ¡no hay ninguna forma socialista de organizarse a partir de la gente, las comunas, las cooperativas o los koljoces! Que cualquier esfuerzo en ese sentido tiene que terminar en la Estatización, simplemente porque no hay alternativas. Porque sólo hay dos formas de organizar una sociedad: el Estado y la planificación centralizada, por un lado, o la libertad individual, la rentabilidad y la Economía de Mercado, por el otro.

Que es precisamente -¡y aunque él no lo sepa!- lo que hace de Chávez un marxista auténtico, serio, casi puro. No simplemente un comunista, sino algo mucho peor aún: un comunista marxista. ¡Porque el modelo de sociedad que Marx propuso, el que inevitablemente debía sustituir al capitalismo, como producto de las leyes inexorables del materialismo histórico, era tan iluso, tan absolutamente inviable, que sólo se lo podía intentar mediante una dosis espantosa de estatismo& ¡y de totalitarismo!

Hay todavía quienes creen que Marx era un demócrata. Y esta tesis tiene una base muy firme, completamente ilusa, pero muy firme: el Marx anterior a la Comunade París, esto es, anterior a 1871, suponía que el comunismo se impondría solo, por las famosas leyes históricas ya mencionadas, sin necesidad de la fuerza o de la violencia, "partera de la historia". Después de 1871 Marx comprende que su Proyecto era tan infantil -tan ingenuo, tan desproporcionadamente utópico y opuesto a la "naturaleza humana"- que sólo mediante la dictadura del proletariado, es decir, sólo mediante el totalitarismo podía siquiera intentarse. Exactamente lo que hicieron Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro, Pol Pot y Daniel Ortega.


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