03 febrero 2009

Antisemitismo nacional y socialista


Una de las modas intelectuales surgidas en la segunda mitad del siglo XX fue la defensa de la causa palestina, al mismo tiempo que se atacaba con el mismo ardor el derecho de los judíos a tener un país. En realidad la izquierda de entonces se limitaba a aplicar sobre la coyuntura de la época la profesión de fe antijudaica del más connotado judío ajudaico (aquel que simpatiza con la causa de los oprimidos a menos que sean judíos), Carlos Marx, para quien la religión de su pueblo era la del dinero. Por tanto, según las bases doctrinarias de su teoría, la caída del capitalismo significaría el fin del judaísmo.

Que los judíos hayan sido perseguidos, expulsados, asesinados en masa y sometidos a toda clase de humillaciones a lo largo de la historia es una realidad provocada por causas cuya identificación sobrepasa las intenciones de estas líneas. Tampoco es cuestión de señalar aquí quien tiene la razón en el conflicto palestino-israelí. Pero nadie puede negar que los judíos fueron víctimas propiciatorias de los dos grandes sistemas totalitarios del Siglo XX y que las diferencias entre las ejecutorias de Hitler y Stalin resultan intrascendentes, aun cuando ideológicamente sean diferentes las razones que los llevaron a cometer todo tipo de monstruosidades en su contra. En el caso de los comunistas resulta aún más curiosa tal judeofobia si consideramos que la revolución bolchevique, impulsada por un gran número de judíos, (mencionemos sólo a León Trostky), los persiguió con saña hasta aniquilar su vida cultural, deportarlos a apartadas regiones y consumar una purga tras otra a lo largo de todo el stalinismo.

Así, a partir del nacimiento del Estado de Israel la izquierda se puso del lado de los palestinos, en un abanico de posiciones que van desde el más radical antisionismo hasta posturas un tanto más moderadas, mientras los judíos se colocaron a cubierto bajo la sombrilla de EEUU. Una dinámica geopolítica dentro de la cual se desarrollaron los grandes conflictos del medio Oriente durante los últimos sesenta años.

Pero a no ser por el ansia protagónica del Presidente, por razones electorales que pueden volverse en su contra y porque ideológica y estratégicamente es lo "correcto", resulta difícil comprender que se involucre a todo un país en un problema que le es ajeno, aun cuando uno condene la masacre de la Franja de Gaza propiciada por Israel y el lanzamiento de cohetes contra territorio israelí por parte de Hamas. Más grave aún es que haya sembrado el odio, hasta llegar a la profanación de un recinto religioso (aunque ahora lo niegue) y a consumar la violencia contra un grupo de mayoría venezolana sólo porque son judíos, como si ellos fueran responsables de las acciones del gobierno israelí. Imagínense, si los venezolanos tuviéramos que responder por los desastres de Chávez en esta década, el castigo sería infinito.

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