13 mayo 2009

¡Para mañana es tarde, Gobernadores!

El Parlamento Europeo da cuenta, en una resolución reprobatoria de la conducta del gobierno de Hugo Chávez Frías, sobre sus golpes más recientes al Estado de Derecho y con desprecio abierto por la democracia. Y la respuesta de éste llega al rompe y en nada se distingue de la que en su momento dan Stroessner, Somoza, "Chapita" Trujillo, Castro, Pinochet, y hasta el mismo Pérez Jiménez.

Nuestro penúltimo Dictador, en lo particular, acusa el golpe de las críticas extranjeras por sus persecuciones políticas y violaciones de derechos humanos, mas prefiere hablar de envidia ajena por la "significación mundial" que tiene -según él- su obra de Bien Nacional: "Nadie ha sido héroe por la misericordia de los demás", arguye antes de su caída.

La resolución europea cuenta de la condena a 30 años y sin pruebas de los Comisarios Vivas, Forero y Simonovis. Cita la persecución política de Manuel Rosales y del general Raúl Isaías Baduel, a manos de una justicia parcializada. Narra sobre el desconocimiento por el Dictador Chávez de los resultados de las elecciones de gobernadores y alcaldes, y explica cómo su mayoría, en la Asamblea, dicta leyes que desmontan la autoridad de éstos, la transfiere a personas designadas a dedo, e implementan una estructura de poder militar, personal, y pseudo-comunista, contenida en la Reforma Constitucional vetada por el pueblo. No ha ocurrido el cierre anunciado de Globovisión.

De modo que, guste o no guste el criterio que sobre nuestro Dictador tiene Europa, en casa propia sabemos como se bate el cobre, así los áulicos de Nicolás Maduro afirmen que lo acordado carece de importancia.

Lo lamentable es que Europa hace por la OEA y su secretario, José Miguel Insulza, lo que éstos han de hacer para salvar la cara y cuidar de las reglas democráticas contenidas en la Carta de Bogotá, la Convención Americana de Derechos Humanos y la Carta Democrática Interamericana; todavía más cuanto que, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expide un informe donde Venezuela queda mal parada.

El tiempo de las dudas -¿vivimos o no en una dictadura, o acaso nos aproximamos al término de la democracia?- ya no es tal.

Desde noviembre de 2004, en "La Nueva Etapa, El Nuevo Mapa Estratégico", Chávez hace constar que si la oposición intenta reorganizarse la perseguirá con criterio militar hasta destruirla; que su respeto por la propiedad queda sujeto al "por ahora", hasta instalar el comunismo; y que la organización del poder público la sustituye otra en la que cuentan los poderes comunales, las contralorías sociales, las misiones cubanas, en un entramado que se ensambla en el "partido único" bajo su único mando.

Cabe decir, pues, que nadie hará por nosotros aquello que hemos de hacer por nosotros mismos y para sostener la libertad. Y para mantener, sobre todo, nuestra dignidad de país por sobre la ocupación cubana auspiciada por el felón quien ocupa el Palacio de Miraflores.

Eso sí, la realización de tal propósito mal puede quedar sujeta a lo que haga en sustitución de nuestras voluntades, como ciudadanos, algún iluminado de circunstancia. Pero es verdad que los pueblos reclaman de líderes -no de candidatos contumaces- que los orienten en sus momentos de mengua, le esclarezcan el camino y los acompañen solidariamente en su marcha.

No se trata de que se constituyan tanques de pensamiento que analicen la tragedia en curso o que encuentren fórmulas para detenerla en su ominoso curso, siendo como es indispensable. Y tampoco que los partidos de antes o los de ahora armen mesas de unidad o la prediquen, en un momento en que la simpatía por aquéllos hace aguas junto a la misma institucionalidad les cobija.

Se trata de que los actores a quienes el pueblo otorga legitimidad indiscutible -los gobernadores y alcaldes de oposición electos- asuman de conjunto la dirección visible que se necesita para atender el desafío que nos interpela. Detrás de ese liderazgo, reunido en "mesa federal democrática", vendrán, sin anulas las diferencias, quienes hacen vida partidista, integran movimientos ciudadanos o gremiales, y hasta quienes pretendemos formar opinión con nuestra palabra o escritos en la prensa.

Los ejemplos de Antonio Ledezma y de Leopoldo López son emblemáticos de lo que corresponde hacer. Aquél se queda sin palacio, lo desnudan en la vía pública y allí sigue, impertérrito, como una suerte de Diógenes, lámpara en mano, en búsqueda de algún camino que le de certidumbre a sus electores. Éste, Leopoldo, si necesidad de ser Alcalde arma redes sociales y le muestra a la gente común que el futuro es posible si cada quién y cada cual hace, en su espacio concreto y cotidiano de vida, lo que le corresponde. Para mañana es tarde.

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