18 julio 2009

Es con usted, ciudadano chavista

Pensé que era una de las tantas respuestas inconscientes las que uno sufre cuando observa el comportamiento irresponsable e infantil del presidente Chávez. Una ira extraña va subiendo desde la boca del estómago hasta las cuerdas vocales, pasando por una suerte de pensamientos nada compatibles para cualquier credo religioso que pregone el amor infinito. Para unos, el control se impone asumiendo las dos opciones naturales si callar amargamente o abrir la boca y soltar los improperios ante la indignación generada por la indolencia gubernamental ante los problemas cotidianos. Otros, al contrario, asumen la actitud de hacerse el "loco", como si fueran cándidos turistas en su propio país o renombrados antropólogos dirigiendo una investigación sobre su entorno cada vez más extraño. Sin embargo, en los últimos días, hemos estado conjeturando sobre los posibles pensamientos que dilucidan por la mente del chavista común, es decir, ese mismo ciudadano venezolano que sufre el alto costo de la vida, la escasez, la delincuencia crónica, el tráfico asfixiante y llevar la vida en colas eternas para adquirir o ser atendidos en lo más básico como la cédula o agarrar cita en un hospital. En fin, si existe algún eslabón perdido en las patologías humanas, es precisamente la mente chavista no burocrática.

La respuesta al cuestionamiento no resulta tan elemental como algunos sectores de la oposición acarician. No es un simple problema de "resentidos" sociales, porque buena parte de ese chavismo es de clase media e inclusive acomodada con niveles educativos por encima del promedio nacional. No es darle respuesta a quien frívolamente cree que gobernar implica cantar, gritar, echar chistes y sacar a relucir las injusticias en la distribución de las riquezas, que en forma perfecta, corea ese estribillo propio de las celebraciones oficiales ¡"así, así, así es que se gobierna"! La postura hacia el chavista por "convicción" implica grandes dosis de tolerancia y capacidad para comprender las deficiencias o el dolor ante una pérdida que no se puede recuperar con la palabra amiga o el gesto de apoyo. Ahora, lo que sí debemos resaltar, lo encontramos en las incomprensibles reacciones de ese chavismo popular gráficamente visibles en todo este torbellino del derrocamiento del presidente Zelaya en Honduras. Nunca entendí -ni entenderé- cómo es posible llenarse de un estupor frenético en las calles venezolanas por el golpe hondureño, cuando a menos de 200 metros, una rotura de cloacas o un asalto ocurrían en pleno desarrollo. Cómo es aceptable que ministros, alcaldes y toda una suerte de personalidades de Estado muestren indignación por la crisis en Honduras, cuando, en hospitales venezolanos, se carece de recursos para la más básica de las atenciones médicas. Ni hablar del fracaso en el manejo de la economía, ahora, tras una feroz cacería contra la iniciativa privada y las potencialidades para el desarrollo que sólo el capitalismo garantiza.

Muy a pesar de las contradicciones que reflejan los venezolanos adheridos al antivenezolano proyecto chavista, son ciudadanos que también sufren las inclemencias de la quiebra valórica de una nación arrastrada desde 1945 hacia la aventura, el desorden y la impúdica prédica izquierdizante. Es recomendable no juzgarlos, sino, hacerlos entender que también son ciudadanos sobre el Gólgota. Qui habet aures audiendi audiat.

Emilio J. Urbina Mendoza
eurbina2000@hotmail.com
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