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Pero ¿qué hacer ante esta situación? ¿Tirar la toalla? ¿Entregarse? ¿Irse? Para quienes decidimos que no hay mejor país que este con o sin Chávez la alternativa no puede ser ni la huida, ni la evasión. Se impone el "sentido de realidad" como lo hemos dicho en otras entregas. Sin embargo, este "tocar piso" también implica mirar "esas otras cosas" que nos ayudan a seguirle "echando pichón". Sí, la realidad política, económica, social y moral está en su momento más oscuro y aunque dicen que nunca está más negro que cuando va a amanecer, pareciera que aún nos toca unas cuantas lunas de esta caída libre. Tanto como el tiempo que tardemos en organizarnos y valorar nuestras propias fortalezas.
No sabemos cuánto nos tomará superar este abismo, pero hay cosas que cuando las inventariamos nos llenan de energía y ánimo para seguir y no estamos hablando sólo de política, o de resistencia civil y democrática (elementos necesarios pero no suficientes), sino de algo tan intangible como los afectos que nos rodean y de cómo debemos asirnos a ellos para tener el fuelle necesario para seguir luchando. Este es (más que nunca) el momento de los amigos, de los allegados, de los vecinos, de los compañeros y, por supuesto, de nuestras familias. ¿Quién viendo los ojos de sus hijos, escuchando sus risas y compartiendo sus sueños puede decir que no hay futuro?
En tiempos de incertidumbre hay que encontrar las certezas en las cosas imprescindibles. Aquellas que como decía Antoine de Sant Exúpery en El Principito: "sólo son visibles a los ojos del corazón".
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