30 agosto 2012

Negligencia criminal

Ya se oyen voces desde las alturas del gobierno advirtiendo que no se debe "politizar" la tragedia de Paraguaná; naturalmente, a "politizar" se le da la connotación de "culpar al gobierno". Se nos pide, pues, que no busquemos responsables "políticos" de lo que habría sido un puro y desgraciado "accidente". Sin duda que "accidente" fue, pero no casual.

Una explosión de tal magnitud, en una refinería petrolera que tiene fama de ser de las mayores del mundo, ocurre habitualmente porque operaciones que se debían haber hecho, no se hicieron, porque procedimientos de rutina fueron descuidados y, sobre todo, porque los llamados de alerta no fueron atendidos. Todo esto tiene responsables. Y en una empresa estatal, como lo es Pdvsa, con todas sus filiales, el responsable de todo lo bueno y lo malo que en ella ocurre es su propietario, en este caso, el Estado nacional y su principal operador: el gobierno nacional. Si por politizar hemos de entender que este no puede evadir sus responsabilidades, entonces la tragedia está politizada de hecho.

Además, no hay que explorar mucho para encontrar a los responsables de este desastre. Trabajadores de la planta, expertos petroleros, meros habitantes de la zona, todos a una coinciden en que el origen de la explosión se encuentra en la falta de mantenimiento.

Esto lo confirma la propia Memoria y Cuenta de Pdvsa del año 2011, en la cual, de acuerdo a lo que apunta el periodista Andrés Rojas Jiménez, en El Nacional, el año pasado hubo 0% de avance en los trabajos de mantenimiento en Amuay. Se tenían previstas nueve paradas de mantenimiento, sólo se hicieron tres y las restantes fueron pospuestas para 2012. En lo que va de este año no se ha hecho ninguna. ¿Quién responde por esta negligencia criminal, que no sea el propietario de la planta, es decir, el gobierno? Como ironía sangrienta, se produjeron, en cambio, siete paradas no programadas debido a fallas eléctricas, fuga de gases, roturas, fallas en el funcionamiento de bombas y falta de gas natural. Esto está escrito en la Memoria y Cuenta de Pdvsa. ¿Quién responde por esta ineficiencia generalizada, que en el curso del lapso en que el chavismo le puso la mano a Pdvsa ha habido más de 300 accidentes, 77 muertos (sin incluir los de la reciente explosión) y 300 heridos (id.) según recordaba nuestro editorial de ayer? Y todavía el responsable mayor, el Presidente de la República, se adelantó a calificar de "irresponsables" las versiones que apuntan a negligencia por parte de Pdvsa. Irresponsable es quien se atreve a descartar de una vez la más obvia de las causas de la explosión. Pero sabe por qué lo hace. Pretende obturar los caminos que conduzcan a las personas de carne y hueso que manejan la planta en sus niveles gerenciales así como las que manejan la cúpula de Pdvsa. En cualquier otro país a estas alturas ya habrían entregado el cargo o habrían sido destituidos el ministro de Energía, en este caso, Rafael Ramírez, y el presidente de la directiva de Pdvsa, para el caso, el mismo Rafael Ramírez. Por cierto, en esta aberrante concentración de los dos cargos decisivos en la industria petrolera en una misma persona puede encontrarse la fuente de la generalizada incapacidad e ineficiencia que caracteriza a Pdvsa desde que la volvieron "nueva". Si, como se dice siempre en estos casos, la investigación va a llegar "hasta las últimas consecuencias", estas están localizadas en Rafael Ramírez.



Teodoro Petkoff

17 agosto 2012

Si no es chavista, no es venezolano


Hoy me he pasado la mañana mirando mi cédula de identidad. No la he visto con detenimiento desde que me la saqué por primera vez a los nueve años. Ese acto marcó mi vida pues no solo me dio un número de identificación, también me obligó a meterme una cartera en el bolsillo trasero de mi pantalón. La ciudadanía hace eso, te regala identidad y una nalga más acolchada que la otra.

Miro el papel plastificado y solo pienso en una cosa: Dios qué sexy es mi huella dactilar. Veo mi foto y confirmo que no es casualidad que el “SOLTERO” vaya en mayúsculas. Compruebo mis nombres, mi fecha de nacimiento y opino que mi firma es más de autógrafo que la del director del SAIME. Sí, todo está normal, hasta la identificación del país al cual pertenezco y más abajo la nacionalidad que ostento. “VENEZOLANO”, dice, así en letras negritas como para que no se me olvide jamás.

Volteo la cédula para ver si por ahí está lo que busco pero no encuentro nada (mentira, hay una calcomanía de Badtz-Maru que me pegó mi sobrina y me parece lo máximo). La pongo a contraluz para ver si hay una marca de agua, un holograma o algún mensaje oculto que excitaría a John Nash. Pero nada sale. En mi cedula de identidad no dice que yo soy chavista.

En el aniversario de la Batalla de Carabobo, el Presidente de mi país dijo: “si no es chavista, no es venezolano”. Una frase que no la inventó él aunque manda a gente como yo a sacar su cédula. Hace dos mil años Jesús patentó el cartelón que dice: “el que no está conmigo, está en mi contra”. Luego inventaron el micrófono y Lenin lo aprovechó para gritar: “cada hombre debe elegir si está de nuestro lado o en el otro lado”. Y en una galaxia muy, muy lejos de aquí, Darth Vader se lanzó entre alientos: “si no estás conmigo, entonces sois mi enemigo”. En conclusión, el Presidente es medio copioneto pero se le perdona porque La Guerra de las Galaxias tiene una cita pa’ todo.

Esa frase me inquieta. Si mi cédula dice que soy venezolano pero el Presidente dice que no lo soy porque no creo en el chavismo, ¿quién tiene la razón? Me voy a la Constitución para que me aclare la pregunta pero entre la maraña de “serán venezolanos y venezolanas los y las nacidos y nacidas dentro y dentra del territorio y territoria”, ¿quién entiende si ahí dice que hay que ser chavista y chavisto también?

Decido darle el beneficio de la duda al Presidente por un momento. Está bien, como no soy chavista no soy venezolano. Pero si eso es así, creo que me tiene que aclarar algo que no entiendo: ¿de dónde soy entonces? Yo tengo un acta de nacimiento, una cédula de identidad, una licencia de conducir y un pasaporte que dicen “Venezuela” por todas partes. Pero si eso no queda en la misma Venezuela que se profesa chavista, entonces yo estoy perdido.

El problema con una frase como esa es que no da una dirección. No es como cuando la gente te dice: “No mi rey, usted está en el piso 8. Tiene que subir al piso 9 pero suba al 10 y baje porque el ascensor está malo”. Ahí yo sé como es la guarandinga. Pero si el Presidente no se lanza una de P. Sherman, Calle Wallaby 42, Sydney, si aquí no hay una Oficina del Ministerio del Poder Popular para la Gente Desubicada, entonces yo tengo que asumir que soy venezolano y quepo en este país a pesar de no ser chavista.

Espero que las palabras dichas por el Presidente se las lleve el viento. No solo porque nadie me puede decir cómo debo pensar, sino porque en verdad no tengo a donde ir. Mi familia llegó a Venezuela cuando los Aeroexpreso Ejecutivos se manejaban a lo Picapiedra. Me entiendo con la gente que dice “buenas” y me encanta vivir en un sitio donde solo uso suéter cuando Pacheco me sigue en Twitter. No tengo problemas con una Constitución Nacional que valora el pluralismo político y la democracia por igual. Si yo creo en todo eso, Presidente, ¿cuál es su problema con que yo me niegue a usar su apellido?

No quiero ser chavista, ni tampoco caprilista o norkisbatista. Yo solo quiero ser lo que dice mi cédula: “venezolano”. Y odiaría pensar que un día me digan que si no acepto las condiciones de un partido me tenga que largar de Venezuela. Me moriría tener que entregar mi cédula de identidad en una puerta de embarque y decir afuera que vengo de la Nada solo porque un Presidente decidió que yo no tengo nacionalidad. Lo que quiero es contar con un mandatario que diga “tú eres tan venezolano como yo”. Porque eso es lo que hacen los líderes modernos, incluyen por sobre todas las cosas a todo aquel que llame a una nación su país. Sin importar cómo piense.-

Toto Aguerrevere – @totoaguerrevere

16 agosto 2012

10 cosas que Giordani no le dice al país


Jorge Giordani
Hay realidades que el Ministro de Planificación Jorge Giordani se cuida de no mencionarlas al presidente Chávez ni al país. Las diez más importantes (porque son muchas), son:

1. Que el socialismo del siglo XXI ha profundizado la dependencia y el subdesarrollo del país.

En 1998, justo antes de llegar Chávez al poder, el petróleo representaba el 77% del total de las exportaciones del país. El otro 23% se componía de otros productos y servicios producidos por el sector privado. Trece años después, en 2011, el peso del petróleo en las exportaciones alcanzó el 96%. 

2. Que nuestra deuda crece acelerada, costosa y descontroladamente.

En 1998, la deuda total del sector público venezolano era de alrededor de $ 34 millardos de dólares. Hoy esa deuda toca los $150 millardos; es decir se ha más que cuadruplicado. Ese aumento notable de la deuda ha ocurrido en un período en el que le han entrado al país más de 1 billón de dólares por ingresos petroleros. Tan grave como el monto creciente de la deuda, lo son también a) los elevados costos de esa deuda;  b) la velocidad a la que viene aumentando; c) la falta de transparencia en su adquisición y d) el despilfarro de esos recursos.

3.Que hemos destruido el aparato productivo nacional.

En 1998, había más de 14 mil establecimientos industriales en el país. Al día de hoy, han desaparecido unos 5 mil. Estimando unos 60 empleos por empresa, tenemos que se han perdido alrededor de 300 mil puestos de trabajo. Estas cifras indican que en estos trece años, el país ha vivido un intenso proceso de desindustrialización.
Las necesidades de los venezolanos se satisfacen cada vez más a través de importaciones.  Las importaciones saltaron de unos $ 17 millardos en 1998 a una cifra que se proyecta para este año superior a los $ 50 millardos. O sea, han crecido 300% mientras la economía sólo ha crecido en los últimos trece años a una tasa promedio de 2,2% anual.

4.Que la inversión privada nacional y extranjera han desaparecido.

Desaparecen empresas y nadie invierte en expandir las que quedan o en crear otras nuevas. La inversión privada cayó 43%. Si hablamos de inversión extranjera, lo que está ocurriendo en Venezuela contrasta notablemente con el resto de la región. El año pasado, America Latina recibió más de 154 millardos de dólares por ese concepto. El país de Lula, uno de los líderes que Chavez mas admira en la región, se llevó casi la mitad de esa inversión. Le siguen México, Chile, Colombia y Perú. En Venezuela más bien predomina una intensa fuga de capitales.

5. Que sus empresas de producción social no arrancan ni producen nada.

Desaparecen las empresas privadasy no hay nuevas inversiónes y, las empresas socialistas
que el gobierno crea o estatiza tampoco arrancan. En lo que lleva de gestión, el gobierno ha expropiado alrededor de 1000 empresas privadas y ha lanzado varios programas, buscando montar un modelo alternativo de producción: las zonas de desarrollo endógeno, las cooperativas, los fondos zamoranos y las empresas de producción social,   se han tragado cuantiosos recursos, sin que se conozca hasta ahora de ningún proyecto exitoso.

6. Que los controles de precios agudizan la inflación y destruyen el salario

Después de Cuba, Venezuela es el país de la América Latina, con el sistema mas extendido de controles de precios. Sin embargo, es también el país con la inflación más alta. En su pronóstico de predicciones económicas de Junio de este año, el Fondo Monetario Internacional nos colocaba en el tercer lugar a nivel mundial, después de Bielorrusia (66%) y Etiopía (33,9%) en cuanto a la inflación estimada para finales de año.   La inflación se come todos los aumentos de salarios. El poder adquisitivo del salario promedio de hoy es el mismo que el de 1966. Si se trata del salario mínimo, el presidente Chávez nos dice que es el más alto deAmérica Latina, pero eso no es verdad. Si utilizamos un tipo de cambio digamos de 5,80 bolívares por dólar, y no el de 4,30 que cada vez es más escaso, nuestro salario mínimo actual de Bs 1.780 se convierte en $ 306, por detrás del de Argentina ($435), Costa Rica ($ 429), Chile y Brasil ($ 350) y Panamá ($ 349).

7. Que el Bolivar fuerte está cada vez más débil.

En enero de 2008 fue introducido con bombos y platillos el Bolívar fuerte. De acuerdo con elMinistro Rodrigo Cabezas, éste “debía convertirse en el símbolo del floreciente socialismo”. En apenas cuatro años y medio, la moneda ha perdido el 66% de su valor. O sea, un bolívar fuerte de hoy equivale a 34 céntimos del de enero de 2008. Su futuro no luce mejor. Al ritmo inflacionario que vamos, para finales de 2013 habrá perdido alrededor del 90% de su valor. El Bolívar fuerte parece ser más bien el símbolo del socialismo decadente.

8.Que las reservas internacionales se están evaporando aceleradamente.

A pesar del enorme ingreso de divisas que ha tenido el país en los últimos trece años, que sobrepasan el billón de dólares, las reservas internacionales del país, se encuentran en situación crecientemente precaria. Hoy apenas superan los 27 millardos de dólares, por debajo de los 30 millardos que el propio gobierno definió como necesario. Lo más grave es, que de ese monto, las llamadas reservas operativas,  no llegan a los 2 millardos; o sea, ni siquiera alcanzan para un mes de importaciones.

9.Que el déficit fiscal se ensancha peligrosamente.

El socialismo del siglo XXI se ha montado sobre un gasto público creciente que por un buen tiempo ha estado sostenido por ingresos petroleros también crecientes. Sin embargo, en los últimos meses, el precio de la cesta petrolera venezolana ha caído más de un 20% , pudiendo conducir a un déficit fiscal superior al 10% para este año. Los déficit fiscales altos y sostenidos, son el síntoma mas notable de una economía enferma.

10.Que el socialismo del siglo XXI nos ha ido aislando internacionalmente.

Mientras celebramos hoy la incorporación al Mercosur, nuestros vecinos han ido mucho más lejos y más rápido en materia de integración económica internacional. Países como Colombia, Perú, Chile y México entre otros, han firmado acuerdos de integración entre ellos mismos, con los Estados Unidos, con la Unión Europea y con Corea del Sur.  En Venezuela, Chavez  mientras estatiza empresas y hace la economía menos eficiente y competitiva, nos integra a un mercado plenamente capitalista, en el cual la competencia no perdonará a los que no sean altamente productivos. Sin duda, las empresas privadas venezolanas estarán en total y creciente desventaja.

PD. Lo terrible de estas 10 realidades explica el por qué el Ministro Giordani prefiere no hablar de ellas.



Hector Alonso Lòpez

26 julio 2012

08 junio 2012

Ineptocracia





Ineptocracia: Sistema de gobierno en el cual el menos capaz para dirigir es electo por los menos capaces para producir, y los miembros de la sociedad incapaces de sostenerse a sí mismos o de ser exitosos son recompensados con bienes y servicios
pagados con la riqueza confiscada a un decreciente número de productores.




15 mayo 2012

El crucigrama nacional


HORIZONTALES: 

1. 
Nombre propio de magistrado cuyo apellido se repite hasta dos veces. 

2. 
Lo que hacen los funcionarios cuando manejan inadecuadamente los fondos públicos. 

3. 
Abuso de autoridad consistente en cerrar medios de comunicación para amedrentar y generar miedo en quienes piensan diferente y producir un efecto de mostración sobre el resto de los medios radioeléctricos para que se autocensuren (diminutivo plural). 

4. 
Pretérito pluscuamperfecto del verbo "confundir" en tercera persona del singular, que por lo singular afecta al plural. 

5 . 
Aquello que saltan los di- rigentes políticos venezolanos cuando les conviene y que también denomina la valla que contiene al ganado, ¡vaya! 

6. 
Nombre de dama ciega que sostiene una balanza que en Venezuela no es ni ciega ni balanceada. 

7. 
Nombre genérico de capo de cárcel que se asemeja a "plan", pero que no es plan, porque en nuestro sistema penitenciario no existe planificación alguna. Puede manejar hasta 3.000 millones de bolívares de los fuertes y se niega a conversar con las autoridades porque ellos y que no negocian con delincuentes. Plural. 

8. 
Cuando se mete en la cárcel a alguien por su manera de pensar y aunque abiertamente se reconozca que esa prisión es producto de la manipulación y el capricho del poder que maneja el sistema judicial a su antojo y la gente siga presa a pesar de la confesión en tal sentido de un magistrado. Eso... ¿Cómo se llama eso? ¿Qué nombre le ponemos? 

9. 
Persona de baja estatura que en Venezuela da nombre a una banda que controla el Poder Judicial. Plural. 

10. 
Término que denota cuando uno sueña durante toda la vida cambiar las arbitrariedades del poder, la perversión de las instituciones y una vez se convierte en poder termina haciendo cosas peores a las cuales uno se enfrentaba, sin siquiera darse cuenta ni cuestionarse en lo más mínimo. El prefijo de la palabra es sinónimo de carro. 

11. 
Desvergüenza y descaro en el mentir en defensa y práctica de actitudes reprochables. 

Atribuir con artes y mañas a los adversarios la responsabilidad por las propias marramucias. 

Comienza con "cin" y termina en "ismo". 

12. 
Paradoja de un país que a mayores ingresos petroleros, más pobreza tienen sus habitantes. 

13. 
Nombre de líder supremo que rige nuestros destinos. Tiene barba. 

14. 
Ley fundamental, quizá la más violada. 

15. 
Aquello que jalan los adulantes, hacen circular los especialistas en rumores y el resto de los venezolanos tenemos que echarle de cara al futuro. Plural. 

VERTICALES: 

Este crucigrama no tiene verticales, porque la verticalidad en nuestra patria, al parecer, no abunda. Prevalece una horizontalidad sumisa que por miedo a perder prebendas y privilegios, prefiere dejar en blanco los espacios de las palabras que debe pronunciar. Son esos silencios que tanto ruido hacen. Sin embargo nos sostiene la esperanza de que el crucigrama de nuestro destino se resolverá cuando coloquemos en él las tres palabras que nos faltan: democracia, justicia y libertad... El día en que dejen de ser ruido demagógico para transformarse en vivencia, en cotidianidad y en destino, ese día seremos país.

Laureano Márquez

13 mayo 2012

Las 7 categorías chavistas


Así como se considera al Socialismo del Siglo XXI un concepto inextricable, hay otro concepto robo-lucionario que sí está claro, entendido y aceptado por propios y extraños. Esa conceptualización es el Chavismo.
El Chavismo, como cualquier ‘ismo’ asociado a un liderazgo personal significa, para la Real Academia de la Lengua Española, una doctrina que se desprende del ejemplo, un sistema o método para implantar el régimen de una idea o conjunto de estas, un modo de actuación apegado a las maneras y cualidades del líder cuyo talante reproduce el colectivo como condición para pertenecer a ese ismo, e incluso se reconoce como partido político pero en su acepción bárbara: Partido para obtener provechos personales, ventajas, beneficios y lucro.
Como doctrina que se desprende del ejemplo un buen chavista debe ser, ante cualquier circunstancia y situación, un falsario capacitado para esconder su castro-comunismo desde el inicio de cualquier relación. Ese sofismo le es útil para falsificar la realidad y la historia, para engañar con imposturas, para simular una presunta convicción revolucionaria mientras disimuladamente exagera los eventos con artificiosos argumentos y prepara el golpe artero a todo aquello que le oponga argumentos en contra.
Como sistema o método para implantar un régimen, el chavista debe estar preparado para dividir y romper con todo aquello que obture la instauración del régimen. Para dividir a un país en dos bandos antagónicos (patriotas y escuálidos... chavistas y majunches...) apelando a los más bajos instintos sociales: el apartheid, el racismo, y las clasificaciones. Para romper con las tradiciones y la cultura, al aceptar al líder máximo como alfa y omega de la historia.
Como un modo de actuación apegado a las maneras y cualidades del líder, el buen chavista debe poseer un verbo incendiario, sin medida ni recato; debe agredir en vez de dialogar; tiene que utilizar los giros verbales del líder aun cuando estos sean un galimatías incomprensible, y además de todo lo anterior, debe estar convenientemente entrenado para desdecirse (de lo mismo que se desdiga su líder), para derramar profusas lágrimas falsas. Y para ejecutar con excelencia estos modos, deberá portar siempre y en todo momento, una camisa roja, un librito de la Constitución, un rosario con crucifijo, el CD de la Lista Tascón y una banderita de Venezuela con el escudo del ‘caballito volteao’ y las 8 estrellas.
Aún con esta doctrina, sistema y modos en correcta ejecución, no es posible comprender al chavismo sí no se conocen sus 7 categorías. Son 7 clases, cada una con sus propias condiciones y cualidades de chavistas que determinan sutiles aunque profundas distinciones y los agrupan en siete géneros, cada uno de ellos con similares calañas, pelajes y castas, como suele suceder en las jaurías salvajes.

1.- Los chavistas que no saben.
Integran una facción numerosa y constituyen la base electoral de Chávez, una base tan importante como los millones de votantes fantasmas que tiene el líder oculto en los intersticios virtuales de la inextricable e inauditable data del Registro Electoral Permanente del ministerio para las elecciones, que es en lo que se ha convertido el Poder Moral en este ex-país a través de las felonías y obsecuencias de los mal llamados Rectores de su Consejo Nacional Electoral. Esta categoría de chavistas ‘no saben’ ni eso ni nada. Ni siquiera saben que son chavistas aun cuando pertenecen a la categoría. Se trata de ex- ciudadanos que dejaron de serlo al subsumirse voluntariamente al oprobioso canje de las limosnas misioneras. Ex-ciudadanos avenidos en habitantes de un territorio arrasado por el castro comunismo y en el que el Estado, omnipotente y tetra millonario, reparte migajas que los de esta categoría de chavista ‘no saben’ que son eso, migajas, pero que las aceptan por aquel decir castizo que retrata su profunda mediocridad: “Algo es algo, porque peor es nada”

2.- Los chavistas que no quieren saber.
Este clúster de chavistas está todavía muy alejado del epicentro donde se bate el chocolate espeso y recaliente de los grandes negociados con el poder, pero están un paso más cerca del líder y del proceso que los de la categoría anterior. Son los llamados chavistas de a pie que poco a poco caen en cuenta de las atrocidades y del latrocinio que se produce dentro del proceso mesmo, pero cierran ojos y oídos (la boca también) como aquellos tres monitos y en silencio se dicen a sí mismos: “Esto es mentira... Chávez no sabe nada... Esto no está ocurriendo”. En estos chavistas que no quieren saber se observan los mayores índices de agresividad contra los ciudadanos. Un ejemplo de esta categoría de chavistas la encontramos en los inicios del chavismo ( Los ‘círculos bolivarianos’) y más recientemente en ‘colectivos’ armados y violentos, como el ‘Colectivo La Piedrita’ del Comandante Valentín, que hace vida política y militar en la Parroquia 23 de Enero de Caracas. (Hay otros colectivos más violentos y peligrosos, como el Fuerzas Revolucionarias Bolivarianas, pero este es el más popular). Es en este segmento donde también está la mayor fuente de votantes que se pliegan al abstencionismo, pues aun cuando una gran cantidad de estos miembros alcanzan altas cotas de decepción con el proceso robo-lucionario, siguen fieles a Chávez, es decir siguen siendo chavistas ‘que no quieren saber’ de elecciones, bien por decepción, bien por desconfianza en que el CNE (el mismo del Poder Moral) a última hora le ‘robe’ votos a ‘micomandantepresidentemesmo’. Es increíble que piensen así, pero sí existen... Son los que no quieren saber de votos pero siguen creyendo en Chávez.

3.- Los chavistas que odian saber.
Los chavistas que odian saber están literalmente ‘adentro’ aunque convenientemente próximos a la periferia; Son aquellos que no piden nada específico a Chávez; tan solo que los ponga ‘donde-hay’ pero no muy lejos de las puertas de escape. Ellos provienen del ‘saber’ que obtuvieron en los centros de enseñanza y Universidades antes de que Chávez insurgiera con su golpe fallido al Gobierno constitucional y democrático de Venezuela, allá en el lejanísimo pero muy próximo 1992. Este segmento lo integran profesionales universitarios, técnicos y empresarios de distinto cuño y valencia política que acompañaron a Chávez desde su re-inicio público por la vía democrática, mismos personajes que se han lucrado a más no poder con las facilidades y el pragmatismo que encontraron en el proceso robo-lucionario. Odian saber, pero saben que ese odio es el precio ético a pagar por los favores recibidos. Usted puede identificarlos fácilmente cuando les ve, de hace unos meses a estas fechas, de aquí para allá buscando cómo zafarse de las ligazones económicas, financieras y personales con todo aquello que los ate al régimen y sus burócratas. Son muy fácil de identificar porque se les ve cazando testaferros en las elegantes barras de los no menos elegantes restaurantes de Venezuela. Lo más reciente que odian saber está relacionado con la salud y los pronósticos de vida del ‘coma-andante’. Odian eso tanto como el saber que muchos saben que ellos, elegantísimos chavistas de cuello blanco, odian saber lo que saben pero ¡Como les da provecho!

4.- Los chavistas que sufren por no saber
A diferencia del primer clúster (los chavistas que no saben que son chavistas), estos sí lo saben. Lo aceptan. Es más, saben que saben pero no saben por qué ni para qué, entonces sufren los rigores que impone la ignorancia del pragmatismo chavista. Es como una relación amor-sufrimiento. Una relación masoquista que necesita de un sádico para que los flagele inmisericordemente. Con interminables cadenas de televisión y radio. Un enfermo que los someta a la participación obligada en giras, caminatas, concentraciones humanas, aun a costa de sus trabajos y de su salud. Son los chavistas que sufren por no saber cuándo les darán su casa asignada y malviven en la letrina de un campamento, a la espera de una dádiva de Chávez. Sufren por no saber sí habrá energía eléctrica en el campamento de refugiados. Sufren por no saber sí aquel soldado que les vigila de día es o no es el mismo que vestido de civil, les viola de noche a sus hijas. Sufren por no saber sí micomandantepresidentemesmo está o no enfermo de cáncer, pues en la vorágine de su ignorancia, instigada y acrecentada por las campañas de desinformación que urden los pillines del G2, han llegado a aceptar que el cáncer de Chávez es zodiacal y que sí muere de cáncer no importa: Como Jesús, también Chávez resucitará al tercer día. Y por no saber nada de nada, son los chavistas que más sufren.

5.- Los chavistas que aparentan que saben:
En esta categoría de chavistas se manifiestan dos subgrupos: Los que desde adentro del chavismo aparentan que saben parcialmente qué sucede, pero sucede que lo saben todo y están conscientes de lo que pasa, y aún así aparentan que saben poco o casi nada, y los que no liban las mieles del proceso, los chavistas que por variadas razones y circunstancias están del ‘lao-de-afuera’ pero que algo saben (mucho o poco) y que se consideran afectos a Chávez. Como aquellos otros, aparentan que saben aunque desconocen lo que sucede en sus detalles. Ambos grupos hacen de la apariencia del saber una fórmula para captar incautos, hacer ‘negociados’ y servir de ‘enlace’ entre los regentes titulares del poder chavista y los que desean ‘bañarse en ese charquito’ pero no encuentran la oportunidad ni el contacto. Cada uno de estos subgrupos tiene una razón de ser y de existir dentro de un Chavismo entendido como estructura de poder. Cada uno cumple una función específica en el aparataje persuasivo de la desinformación y fungen de guías para el tránsito de lisonjas y coimas dentro de los recovecos burocráticos para que los de afuera puedan acceder al contacto y los jerarcas de las diferentes vertientes del chavismo l negociado de licencias, favores y prebendas, exquisitamente rociadas con escocés de 18 años con las que se riegan sólidas y convenientes transacciones bancarias electrónicas.

6.- Los chavistas que triunfan sin saber:
A este grupo pertenecen los ‘enchufados’, y como el anterior, también se divide en dos subgrupos: Los burócratas venezolanos de comprobada y ratificada fidelidad perruna a Chávez, que rotan groseramente de Ministerio en Ministerio, sin saber ni conocer de qué se trata ni para qué existe esa cartera ministerial, y los burócratas cubanos, de ratificada y perruna fidelidad a Fidel, que están colocados ahí, donde Fidel los necesita para ‘marcar’ muy de cerca a Chávez y sus burócratas, y que como aquellos triunfan sin saber; nomás por el simple acto físico de salir de Cuba, para encontrarse acá como pequeños capos di tutti capi, viviendo el sueño de todo cubano castrista que se precie de tal, y que no es otro sueño que el de mandar a otro sin saber de ‘ná ni ná’ ¡Cosa más grande, hermano!
El primer subgrupo (los burócratas venezolanos de comprobada y ratificada fidelidad perruna a Chávez,) es un club exclusivo, casi una cofradía sacramental, pero notoria, muy notoria. Casi cualquier habitante en Venezuela conoce sus nombres porque son los mismos que se manosean, de aquí para allá, como Ministros, Directores Generales, Presidentes de Institutos autónomos, Gobernadores, Alcaldes, Diputados, otra vez Ministro, nombres que se repiten porque han completado ‘la ronda’ de cargos unas tres veces cada uno. También se les conoce sus rostros, aunque con el tiempo (y la buena comida, y los trajes, y las joyas) se hayan modificado con implantes, liftings, ceras, colágenos, ampollas, peluquines y dos decenas más de artilugios y potingues. También se les conocen sus gustos y hasta sus más íntimas debilidades. No son más de 50 chavistas privilegiados pero todos, sin excepción alguna, triunfan sin saber que esos triunfos serán, tarde o temprano el más pesado fardo con el que cargarán el día que enfrenten a la verdadera señora ciega de la balanza justa.

7.­ Los chavistas que viven gracias a que los demás no saben:
Más que una categoría, vivir gracias a que los demás no saben es una condición esencial para cualquier chavista; sin embargo, como clúster se trata de una categoría supremamente elitista. Un petit comité de notabilísimos integrantes, entre los que se encuentra -encabezándolo- el mismísimo teniente coronel. Ellos comprendieron, desde el fallido y sangriento golpe al Estado de 1992, que para tomar el poder era y sigue siendo imprescindible que los demás no sepamos, ni sus planes ni sus objetivos. Esa y no otra es la razón para que hayan desarrollado una mitología política falsaria y estrambótica (el árbol de las tres raíces... El delirio del teniente coronel en su Chimborazo carcelario), una mitología pretendidamente fantástica y única en la que han combinado en una mescolanza rimbombante, a Simón Bolívar con Marx y Jesús... A Ezequiel Zamora con Simón Rodríguez... A la ‘Tercera Vía’ de Blair con el bolivarianismo avenido en Socialismo del Siglo XXI... Y todos esos ingredientes incompatibles entre sí, fueron sazonados con el más rancio populismo y el fuego atizado con inimaginadas cantidades de petrodólares, y ofrecieron ese brebaje a sus conciudadanos votantes como sopa macabra cocida en el oscuro caldero de la ignorancia colectiva.
Ahora ya sabes, estimado lector, que el chavismo SÍ existe y solo te resta ubicar a los chavistas que conozcas en cualquiera de estas siete categorías. Pero ten presente que de acuerdo a la experiencia, más de un chavista puede ser ubicado en más de una categoría, lo cual hará más amena e interesante tu pesquisa, una indagación que también te puede conducir a la sorprendente 8ª categoría: Los conchupantes, también conocidos como ‘demo-chavistas’. Se trata de oposicionistas ultrosos (de la boca para afuera) y algunos militares que medran en el amniótico gel de los que se oponen a Chávez pero sin convicción. Son aquellos que se disfrazan de demócratas, pero que le hacen el juego al totalitarismo, proponiendo como solución las mismas misiones castro-chavistas. Son quienes te invitan a votar sin las debidas garantías del secreto de tu voto... ¡A votar! gritan, sin mediar una auditoría confiable de la data del CNE... ¡Al 7 de Octubre!, incitan... pero lo hacen prometiendo las mismas ofertas engañosas y populistas ‘Esteban’ en sus buenos tiempos. Como sí se tratara del Octavo Infierno de Dante, esta categoría también está full... ¡Y ya tú sabes quiénes son!


Andrés Simón Moreno Arreche
Vía Venetubo

25 abril 2012

Barclays: Signos del deterioro del presidente Chávez


En su publicación Emerging Markets Research del lunes 23 de abril, Barclays, la compañía mundial de servicios financieros asentada en Londres, hace una disección del estado de salud del presidente Hugo Chávez, sus implicaciones políticas y posibles efectos en la economía. 

"Venezuela: señales del deterioro presidencial" alude a la reciente ausencia del Jefe de Estado durante más de una semana. Esto, junto con el reacomodo de fuerzas dentro del gobierno, "aumenta la probabilidad de que Chávez siga enfrentando fuertes limitaciones para proseguir con su campaña y termine por designar a un sucesor". 

El artículo comenta que el Presidente pareciera encontrarse en una situación paradójica, donde difícilmente gane las elecciones a menos que siga adelante con su campaña. Sin embargo, de continuar, la tensión que esto produce "pudiera acortar su expectativa de vida y evitar que sea el candidato definitivo". 

En este sentido, añade Barclays, se postergaría la decisión en la medida en que Chávez esté físicamente apto y se esperaría el mejor momento para tomarla. No obstante, advierte que mientras más tarde en producirse una decisión sobre una eventual transición, más implicaciones negativas habrá en el mercado, ya que se incrementa el riesgo de una transición abrupta. 

Poca información han suministrado las autoridades venezolanas, que persisten en mantener en secreto el verdadero estado de salud del Presidente, señala el artículo. Sin embargo, "todo apunta a un posible deterioro de su salud". 

Sostiene que algunos de los posibles sucesores se han estado exponiendo al escrutinio público cada vez más. Tal es el caso del vicepresidente Elías Jaua y del canciller Nicolás Maduro. Por otra parte, los cambios dentro del Gobierno sugieren que "se estarían moviendo las piezas en caso de que Chávez se vea imposibilitado de seguir adelante con su afán de reelección". 

En general, recalca, las apariciones menos frecuentes de Chávez "apuntan a un posible deterioro en su salud, lo que limita su posibilidad de hacer campaña y aumenta la probabilidad de que esté considerando lanzar a otro candidato". Barclays presume que el mayor obstáculo sea que cualquier otro candidato gubernamental que no sea Chávez se encuentra en posición de "minusvalía" frente al candidato de oposición, Henrique Capriles Radonski. 

Como quiera que sea, remata el artículo, valdría la pena tomar cuanto antes cualquier decisión en cuanto a su sucesor, ya que esto sería favorable para los activos de Pdvsa y reduciría la incertidumbre.