05 julio 2008

Erúctale a Papá

Me encanta Chávez.

¡Es que lo adoro! No hay forma de describir la alegría que me proporciona cada vez que tira a la basura a sus ayudantes y seres queridos.

Es una paradoja que a uno le guste eso, pero no hay forma de ser mayoría en la oposición sin que los que apoyan esta locura, sin pie ni cabeza, dejen de idolatrar al caudillo.

Caudillo que no quiere a nadie y que utiliza a sus acólitos hasta que les saca todo el juguito y los deja en el bagazo.

No voy a nombrar a ninguno de los que ya pasaron por y el desprecio público de nuestro líder. Todos sabemos quienes son. ¿Se acuerdan de esos pateados? quienes vestidos de rojo aplaudían cuando pateaban a otros, que a su vez también aplaudieron cuando pateaban a otros, que también a su vez...

Por eso es que hoy me alegra tanto ver la triste situación de los gobernadores de Yaracuy, Guarico y el último, por ahora, la del gobernador de Carabobo, el ex -glorioso General Eructo. Por cierto, nuestro querido benemérito, en su insulto al general, le dijo que iba a salir por la puerta de atrás, y yo me pregunto: ¿cómo se va a llamar ahora el general? Cuando soltaba los gases por delante lo llamaron el General Eructo, ahora, que va a salir por la parte de atrás, es muy feo pensar cómo lo llamarán.

Que tristeza da ver a los aplaudidores robotizados que antes adulaban a los dirigentes que hoy son humillados. Es horrible verlos seguir aplaudiendo cuando patean a los que hasta ayer eran sus héroes.

Señores dirigentes chavistas, véanse en el espejo de esos antiguos próceres de la revolución convertidos hoy en traidores, en gusanos contrarrevolucionarios, en golpistas, cachorros del imperio y cuantos epítetos peyorativos se le ocurran a nuestro querido líder. Esto me recuerda a las purgas en la antigua Unión Soviética en donde se veían grandes carteles con fotos de dirigentes comunistas rodeando a Stalin.

De pronto, si alguno de aquellos adoradores sin importar por qué caía en desgracia y era enviado a Siberia, aparecía al día siguiente el mismo cartel, pero en la foto faltaba el purgado. Nadie, por cobardía, se atrevía a preguntar en dónde estaba el que faltaba.

¿Dónde está el orgullo? ¿Dónde está la dignidad que puede tener un ser humano? ¡Es increíble la falta de coraje para responder esos insultos! Convénzanse señores humillados, ustedes ya no le sirven al caudillo, ustedes valen menos que cero en el esquema de su adorado dios. Tengan dignidad ¡descuélguense! Alguna vez pertenecí en mi juventud lejana, a la Juventud Comunista de Venezuela, éramos respondones y no nos calábamos insultos de nadie.

Ahora da vergüenza el desprecio con el que Chávez trata a los comunistas venezolanos, mientras ellos se quejan agradeciéndole y disculpándolo.

Y díganme los del PTT, con dirigentes valiosos y capaces, dejándose patear el trasero todos los domingos, y la única respuesta que dan, mirando al suelo con temor por no atreverse a ver de frente la indignación de los venezolanos, es: -Chávez, no importa que no me quieras, te seguiré amando me hagas lo que me hagas.

¡Que pena con esos señores! Repito, revisen la lista de los pateados ¿Se acuerdan cuando Miquilena era como un padre para Chávez? Ahora el caudillo de Carabobo, que antes eructaba tan bonito, con su cabecita baja y humillado, dice que: -Chávez es mi papá, y yo lo perdono.

A todas éstas, Chávez le responde: -No es que eructes, hijo mío.

Tienes que eructar como y cuando yo te diga.

Bueno, bienvenido general.

¡A eructar! ¡Firrrr....!

Claudio Nazoa

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