21 julio 2008

Reconstrucción

En medio de una de esas tantas sesiones de "calistenia" política, o "catarsis colectiva" en las que se han convertido las reuniones sociales, en las que ya poco se habla de la familia, del trabajo, de los proyectos personales, de los sueños y las planificaciones futuras y estos temas son reemplazados por las "historias escalofriantes" de nuestro día a día. De la inseguridad. Que si a fulanito lo secuestraron, o que hay una niñita de nueve años que aún no ha aparecido, que si me robaron el carro o aquello llega al "clímax" de la conversación con el torneo de "cuéntame tu secuestro Express" y así se pasa esa velada condimentada con semejantes "cuentos de la cripta"... Bueno, una de esas noches, alguien soltó una frase que dejó al resto de los presentes con una terrible sensación de "presente imperfecto" y "futuro dudoso". La sentencia en cuestión fue: "nosotros no veremos la reconstrucción de Venezuela. Tal vez mis hijos o quién sabe... ¿mis nietos?". En seguida, se produjo, por unos instantes un silencio en el grupo. Alguien se había atrevido a poner el dedo en la llaga. Eso que todos sabemos, que se intuye en el ambiente, que se siente en las calles. Esa mezcla de descomposición generalizada en medio de una "borrachera" de petrodólares. Ese manto de "vivalapepismo" que tapa una realidad en la que vamos a caer cuando ya no nos podamos arropar con la cobija de una "bonanza petrolera" que lo único que ha servido es para crearnos un espejismo porque la verdad, la gran verdad es que paradójicamente somos más pobres. Y esto no sólo tiene que ver con las cifras macroeconómicas sino con algo que es mucho menos tangible como es el tema de los "valores y principios", el culto al trabajo, a la superación, el espíritu de lucha, el asumir responsabilidades, el "crear país"...

Salvo honrosas excepciones y el empeño de muchas familias, iglesias, profesores, escuelas, universidades y empresas en las que se "nada contra corriente" enseñando que el conocimiento, el trabajo, la solidaridad, la no discriminación y la igualdad de oportunidades son los valores que hacen fuerte a una sociedad, estos diez años de gobierno han reafirmado una cantidad de antivalores como esquema de superación. En primer lugar la obsecuencia, la adulación, la riqueza fácil y por la vía rápida, la entrega de la voluntad, el mesianismo, el "todito me lo merezco", la segregación expresada en listas (apartheid político) y básicamente el abuso, el quiebre institucional y la decadencia del Estado de Derecho.

Mucho más allá de una crisis económica que según los entendidos se nos avecina, está el quiebre moral y ético. Eso es mucho más difícil de reconstruir que la economía de un país. Es como "resetear" el espíritu colectivo... En eso, le faltó agregar a la persona que lanzó la sentencia que no es que la reconstrucción nacional la vean nuestros hijos o nuestros nietos, sino que tenemos que comenzarla nosotros... ¡Ya!



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