28 enero 2008

Ciencia ficción

Tal vez se equivocaron de director, no era Oliver Stone y la película tampoco pudo ser la del magistral rescate con el nombre de un niño que no estaba allí. No. Como el hiperrealismo melodramático a manera de documental se le quedó frío, ahora quieren recurrir al género de ciencia ficción llevado al extremo: al de la guerra bacteriológica y para eso, han debido pensar en otro cineasta tipo Spilberg. Lástima que seguramente él no querrá retratarse con lo que está quedando de una "Revolución Cebra" por la cantidad de rayas que tiene a estas alturas el proceso.

Pero lo cierto es que hay una buena historia. Una epidemia que no ha podido ser controlada es utilizada por el imperio. En un modernísimo laboratorio del sótano 12 de una ultrasecreta dependencia estatal (más oscura que la CIA), desarrollan una cepa intervenida del virus del dengue. El plan es lanzarlo en el Zulia (para no generar sospechas) y que de allí se expanda a toda la República Bolivariana. Un mortífero mosquito cuyo único rasgo distintivo con el resto de la especie es que las patas ya no son totalmente blancas sino intercaladas con bandas rojas y en el cuerpo unas diminutas estrellas sobre fondo azul.

Afortunadamente como el Gobierno también tiene "espionada" a la poco conocida Agencia de Inteligencia logra enterarse y, de hecho, por orden del líder máximo, el mismo vicepresidente, viaja a esa entidad federal para tomar cartas en el asunto. Otro triunfo para el Gobierno revolucionario que logra desmontar un nuevo ataque imperialista. Así como ha sucedido en otras oportunidades en las que han atajado a tiempo magnicidios tan estrambóticos como aquel que tenían preparado en Catia La Mar cuando encontraron el lanza cohetes con mira telescópica al lado de una foto del líder, símbolo inequívoco de que el plan era apuntarlo directamente contra el lujosísimo avión.

Argumentos para películas hay muchos, tantos como presuntas conspiraciones. Otra pudiera ser la del desabastecimiento generado igualmente por el malévolo imperio. Lástima que ese se cae solito porque la "bolsita feliz" de Pdval viene cargadita de productos gringos gringuitos. Y es que esa es la paradoja del Gobierno. En medio de una crisis económica como la que estamos viviendo en la que la producción nacional brilla por su ausencia y la llamada "economía de puertos" es lo que da de comer a la gente, cada vez somos más dependientes de los dólares y productos que nos vienen de nuestro principal mercado. Cada vez somos menos endógenos. Lo que pasa es que cuando ya no se tiene más que decir lo único que queda son los inventos y la ciencia ficción.

Hay que estar preparados, no vaya a ser que imitando a Orson Wells nos vengan con una de "la Guerra de los Mundos" y empiecen a caernos alienígenas del cielo que lleguen cantando "los marcianos llegaron ya¿y llegaron bailando ricachá". Cualquier cosa pueden contarnos ya.

María Isabel Párraga B.
El Universal
mariaisabelparraga@gmail.com

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